«AGRADECIDOS COMO FAMILIA»

“…alentémonos unos a otros, para estimularnos en el amor y en las buenas obras…”.
En el comienzo de nuestra Asamblea Plenaria, al darles la bienvenida sincera, deseo compartir con todos ustedes y a través de ustedes con todas las comunidades educativas que representan, esto es todo el país, un par de ideas, reflexiones, que quiera el Señor que todo lo puede, nos resulten útiles. En primer lugar para mí mismo.
Hemos de comprometernos como argentinos a superar ciertas actitudes que nos condicionan, afectan nuestro modo de proceder y no nos han hecho bien hasta el momento. Tal vez, no son cuestiones que tengan su causa eficiente en nosotros, pero aun heredadas, hemos contribuido a su mantenimiento y lozanía.
Se percibe con bastante claridad esa dificultad tremenda en obrar de manera conjunta entre argentinos, de tal forma que se privilegie la objetividad de la obra sobre la subjetividad de los sentimientos.
Junto a estas actitudes que podríamos llamar dispersivas, encontramos también otras actitudes, muy enraizadas en nuestro modo de proceder y es bueno reconocerlas y recordarlas.
En el corazón de nuestra gente anidan sentimientos muy hondos de fraternidad y cercanía con el que sufre y está desvalido, además de una religiosidad que mantiene incólume, la fe en la Divinidad del Señor y en la protección de María Santísima, fuentes únicas y vitales de toda comunión duradera.
En primer lugar, pediremos la gracia de reconocer las actitudes dispersivas para disminuir su influjo y ahondar las actitudes de concierto, para ampliar su radio de influencia.
Recurriré a dos escenas del nuevo testamento, en las cuales aparecen, a mi modo de ver, dos actitudes paradigmáticas.
La primera escena a la cual quiero referirme, es la que corresponde a la parábola del hijo pródigo.
Cuando hablamos entonces de actitudes negativas o dispersivas, si prefieren, actitudes de desconcierto, actitudes que no ayudan a “concertar” una unidad, un proceder común, un comprometerse a trabajar o luchar por una obra amada por todos, nos referimos al hijo mayor de la parábola.
Fíjense, que este hijo mayor pregunta a una persona que no es de su familia, qué es lo que pasa en su propia familia. En esto quiero poner el interés.
Viene de trabajar y por lo que él mismo dice y el padre lo reconoce, (“…tu siempre estás conmigo…”) ha sido y es muy trabajador. A pesar de eso, está a disgusto en su casa y bastante alejado de lazos y vínculos familiares. Su fuente de información, no es el mismo padre como uno desearía y sería lo correcto además de lo conveniente.
Pregunta a una persona ajena no a la casa, pero sí ajena a la familia, qué es lo que ocurre en el ámbito familiar. Éste es el problema. No recurrir a quien de veras conoce las situaciones y puede decir la verdad con la prudencia, la objetividad y caridad que da el amor fraterno.
Recurre a alguien, que da una información como quien ve de afuera las cosas. (“Por mí pártanlo…”, dijo la mujer en aquel famoso juicio de Salomón, cuando se trataba de la pertenencia de un niño que por supuesto no era el de ella…).
No es una información neutra. Si este servidor hubiera querido mantener la neutralidad, hubiese dicho “…preguntále a tu padre…”. Con la respuesta que da, deja sembrada la inquietud en el corazón de uno de los hijos de la familia, a la que él no pertenece.
Los argentinos abundamos en actitudes similares. Nuestras instituciones también. Se arriesgan informaciones sin conocimiento acabado del asunto del que se trata y a veces no responden a la verdad, o si son informaciones verdaderas, llevan esa carga de ironía, y a veces de malicia, que siembran inquietud.
No quiero decir que eliminaremos todos los problemas si hacemos esto. Lo que afirmo, es que si hacemos o tratamos de hacer esto, nos manejaremos con la entidad real del problema y no con toda la fantasía, fábula y agregados con los que suelen adornarse los problemas que en nuestras instituciones hay, ya de por sí, al ser instituciones cuya fibra vital está compuesta por personas.
Es una dificultad que requiere la ayuda de Dios y mucho trabajo poder superarla. Se manifiesta en no recurrir en primer lugar a quien puede dar una respuesta clara, seria, verdadera, sólida. Se hace luego, entonces ya ofuscados y disgustados.
No es difícil imaginar de qué manera se hiere y socava la unidad familiar o la de una comunidad educativa o política, cuando la información circula y se obtiene de esta forma. Cuando efectivamente se trata de conocer la verdad a través, no de quien la sabe y puede decirla, sino a través de alguien ajeno a la misma vida de la comunidad. (O del país).
(Actitudes similares o del tipo, son bastante comunes en nuestra patria, en nuestros organismos, en la propia comunidad educativa. Esos verdaderos parásitos, “cazanoticias” y disconformistas crónicos, que pretenden enterarse de lo que ocurre en la comunidad por los que son de afuera y por caminos diversos a los aconsejables).
En cuanto a las actitudes que deberemos consolidar, o que logran concierto esta segunda parte estará dedicada a otra actitud paradigmática que también aparece en una escena evangélica y que suele ser patrimonio de innumerables mujeres de nuestras barriadas y de nuestras comunidades educativas. La actitud de Marta, la hermana de María de Betania y de Lázaro.
Mujer activa también, a la manera del hijo mayor de la parábola, no le fue bien con su incisivo requerimiento de intervención del Señor en su favor, queriendo obligar a su hermana al trabajo hogareño: “…dile que me ayude…”.
La escena nos relata que el Señor había llegado de visita a Betania y mientras hablaba y María estaba a sus pies escuchándolo, Marta se ocupaba en las tareas de la casa. ¿Tal vez hubiese podido hacer las cosas antes para luego dedicarse al Señor? ¿O quizá el Señor llegó sin aviso previo y quería prepararle algo para comer?. También se desprende con bastante claridad, que no es conveniente ponerlo al Señor como juez entre hermanos cuando uno mismo está involucrado en una de las partes.
La reprensión no se hizo esperar.
Así y todo, es la primera que sale al encuentro del Señor, cuando el mismo Señor retorna a Betania, sabiendo que su amigo Lázaro ya ha muerto.
Hablábamos al comienzo de privilegiar la objetividad de la obra sobre la subjetividad de los sentimientos.
Es justo lo que hace Marta. No tiene en cuenta la reprensión hecha por el Señor. No queda “ofendida” porque no le dio la razón, porque la retó o porque la hizo quedar mal delante de la familia. O porque no la trató bien
Mujer de trabajo y no menos sensible, podemos deducir que ha sentido vergüenza de haber quedado “malparada”. Pero estos sentimientos no pesan a la hora de enfrentarse con problemas más acuciantes y de verdadera entidad. Al menos no dejan que pesen.
Así es entonces como sale al encuentro del Señor, busca a su hermana y de sus labios sale una de las profesiones de fe más extraordinarias y claras de todo el evangelio: “Señor, sí, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo”.
Y esto, dicho en el marco de no tener padres, de saberse sola para el trabajo de la casa y el hermano varón difunto.
¿Se entiende cuál es uno de los caminos para mantener la unidad familiar, o la unión de la comunidad política tratando de ser mediador y no intermediario? ¿Se puede percibir la magnanimidad de lo que significa alentarnos para estimularnos en el amor y en las buenas obras?
“Cuanto vemos acercarse el día…”, que el Señor Resucitado nos dé fuerzas para no bajar los brazos, para animarnos mutuamente.
Quiero compartir con ustedes el recorrido de una semana bastante agitada que hemos vivido aquí en Consudec, siempre de la mano del Señor que se acuerda cotidianamente de todos nosotros, peregrinos en este valle de lágrimas como solemos decirle a la Madre en la Salve Regina.
El jueves próximo pasado tuvimos la reunión de la Mesa Directiva del Consudec. En ella puntualizamos el orden del día de la Asamblea que tuvo lugar al día siguiente, el viernes 6, durante toda la jornada.
En la Mesa Directiva hubo algún cambio. Como ustedes recordarán, esta Mesa directiva está conformada por los miembros elegidos por la CEA; por el Tesorero que es elegido entre éstos y el Presidente de la Comisión de Educación del Episcopado y por dos miembros más que son elegidos por la Comisión Directiva del Consudec. (Todos los Presidentes de los CEC).
Estos dos miembros, en la actualidad son los representantes de Catamarca y de Buenos Aires. (El representante de Buenos Aires, el Profesor Roberto Portela, se encuentra en estos momentos internado por lo cual les pido oraciones por su pronta recuperación).
Con la elección de esos dos vocales queda definida la Mesa Directiva. Sin embargo, durante esa misma reunión en la que de acuerdo a los estatutos se eligen estos dos representantes, desde la Presidencia se solicitó autorización para contar con dos miembros más en esta Mesa, tal cual se había hecho en el anterior período.
De allí que uno de esos lugares fue nuevamente ofrecido (y también aceptado) a la Confar, para que nuestra Conferencia de Religiosos participara en el Consudec directamente en el lugar de decisiones, por pertenecer nuestra actividad, a un ámbito en la que tradicionalmente las Congregaciones Religiosas han tenido un papel esencial, pues muchas de ellas tienen en la educación la misión sustantiva de su apostolado.
Cuando se inició esta modalidad extraestatutaria, es decir en el período anterior, fue representante de la Conferencia la Hna. Yolanda Lourenço de la Virgen Niña (ahora en Las Toscas-Santa Fe). En este período actual, que dio comienzo en mayo del 2003, representó a la Confar la Hna. Liliana Marzano, General de la Antonianas.
Ahora, ante los innumerables requerimientos que su cargo y misión le exigen, ha dejado su representación. En su lugar, la Conferencia ha designado a la Hna. Lucía Canale, de las Hijas de Santa Ana, quien se integró el jueves a la Mesa Directiva.
Así que la inserción de la nueva representante ha sido de lo más intensa: el jueves toda la tarde y el viernes todo el día. Le damos la bienvenida a la Hna. Lucía y en la persona de su Presidente, el palotino Rodolfo Capalozza, s.a.c. agradecemos a la Confar esta disposición. (Gracias querido Rodolfo por tu gestión).
En cuanto a la Asamblea Plenaria del Consudec del viernes, ha sido muy buena. En estos tiempos, no faltan dificultades ni puntos ni momentos de tensión. ¡Laus Deo!, que permite que nos encontremos para hablar como hombres, para disentir como personas libres que somos, para entendernos como hermanos.
Sobre el orden del día o sobre los puntos sobresalientes tratados en la Asamblea, se encuentran a disposición de quien lo solicite a través de las Juntas de Educación Católica.
Es más. Sería muy deseable que todas las comunidades educativas estuvieran al tanto de lo que ha ocurrido o de lo que se ha hablado y resuelto en la Asamblea Plenaria de Consudec.
Como es habitual, comenzamos con la Celebración Eucarística, presidida por Mons. Rodríguez y concelebrada por una decena de sacerdotes, participantes todos de la Asamblea.
Tuvimos la oportunidad de encomendar en la misa al Arq. José Luis Brizzi que falleció el miércoles 4 de este mes. El Arquitecto era el esposo de la señora Julia Elena, quien como todos recordarán, se desempeñó como Secretaria de Consudec hasta el año 2003.
También encomendamos al cuidado del Señor en el retorno a la Casa del Padre, al Hno. Pablo Bobbio, lasallano de 83 años de edad, que falleció el día jueves. (5 de mayo). También lo acompañamos con nuestras oraciones. El Hno. Pablo, años atrás había trabajado un buen tiempo en el Consudec con el Hno. Septimio.
La reunión, que se prolongó durante todo el día hasta pasada la media tarde estuvo muy buena, tal como ya se ha comentado más arriba. Siempre es un gusto encontrarnos tantos representantes del país, preocupados por la problemática educativa.
Es cierto que en estos tiempos, la problemática educativa ha dejado lugar a los problemas jurídicos y contables de las escuelas y son éstos los que ocupan la mayor parte del tiempo de gestión. Pero a pesar de esta realidad que nos atosiga, absorbe muchas veces el buen humor y distrae de lo principal, se han tratado otros temas en un muy buen ambiente y en un buen nivel de diálogo no exento de tonos más enfáticos.
Terminó con buenos ánimos y con deseos de continuar este año con renovadas energías como para trabajar entre todos, sin soltarnos de la mano, sin sacar los pies del plato, tratando de hacer de este país nuestro, contradictorio, incierto e imprevisible que amamos aún a pesar de los dolores de cabeza que suele darnos, un suelo habitable. De los habitantes una familia, de la Patria una comunidad. En definitiva, una tierra de prójimos…
Así también lo vivimos el sábado 7 en Luján, en donde nos encontramos para dar a gracias al Señor a través de su Madre, que ha querido acompañarnos durante ochenta años en el Consejo.
La celebración del ochenteno, como los tiempos lo requieren, ha sido sumamente austera. Hemos tenido la Celebración en la Basílica, preparada como en sus mejores días, esperando la Peregrinación que se realizaba al día siguiente.
La imagen de la Virgen, presidió toda la actividad, pero esta vez, desde el Presbiterio. La impresión era que había bajado hasta nuestros pies para fortalecerlos y animarnos a caminar. El paso y el transitar de la gente fue constante durante toda la celebración, lo que ayudó a dar un marco más que real de lo que es la Iglesia que peregrina en esta tierra.
Fue un aniversario celebrado entre amigos y acompañados por el pueblo fiel. Reconociendo y agradeciendo lo que en particular algunas personas trabajaron por la educación. Mons. Emilio Bianchi di Cárcano, el R.P. Cesáreo Campos s.d.b., el Dr. Carlos José Galli, la Srta. Carmen Díaz.
La celebración tuvo mayor realce aún, de la mano del Maestro Héctor Saab, dirigiendo el coro Pacem in Terris y el de la Basílica de San José de Flores.
No sé qué decirles. El momento fue tan común y a la vez tan conmovedor. Tan propio y tan de todos. Tan particular y a la vez tan universal que parecía que la Virgen, nos secaba las lágrimas hablando y consolándonos con su presencia silenciosa y cada vez más elocuente.

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