Africa agita la ilusión de acortar la brecha

Siendo adolescente, Noe Diakubama trazó un plano de Mbandaka, situada sobre el río Congo, para no perderse en la selva mientras recogía una verdura llamada fumbwa. “Recuerdo que nunca había visto un mapa de la ciudad”, dice.

Treinta años después, los mapas de la ciudad de la República Democrática de Congo siguen escaseando. Por eso, Diakubama decidió crear el primero de su ciudad natal. Pasó horas en la computadora en Bruselas, donde vive ahora, usando el software Google Map Maker e ingresando las calles que podía recordar. Contrató a un asistente para que recorriera Mbandaka en bicicleta y les pusiera nombre a las calles en un mapa escaneado en formato pdf e impreso.

Los esfuerzos de Diakubama fueron imitados en toda la extensión de Africa por docenas de cartógrafos aficionados que colectivamente ubicaron cientos de miles de calles, ciudades y edificios en zonas alejadas que los cartógrafos coloniales habían pasado por alto. Este es apenas un ejemplo de cómo la revolución digital no sólo ha llegado a Africa sino que también en algunos sentidos avanza más rápido que en Occidente y por otros caminos.

“Las nuevas tecnologías están transformando la vida de la gente”, explicó Diakubama. “La telefonía celular nos cambió la vida al permitir la comunicación entre ciudades y aldeas sin que uno tenga que trasladarse para anunciar la muerte de un familiar, por ejemplo”.

“La telefonía celular es una verdadera revolución en un país en el que las líneas fijas se limitaban a unas pocas familias.” En Africa, la necesidad aguza el ingenio. En lugar de compartir fotos con Instagram o hobbies con Pinterest, es más probable que uno encuentre un servicio para enviar dinero a un familiar de una zona rural o supervise el ciclo de gestación de las vacas o que los agricultores averigüen dónde pueden obtener el mejor precio para sus productos.

En el continente africano, la tecnología sirve para resolver problemas más que para compartir trivialidades sociales, más para la supervivencia que para el entretenimiento, aunque esto también está prosperando.

SudAfrica fue la sede de la tercera conferencia anual Tech4Africa, que tuvo lugar en la ciudad capital de Johannesburgo el miércoles 31 de octubre y atrajo a innovadores y emprendedores de una docena de países. Entre los disertantes estaban Sim Shagaya, graduado de Harvard nacido en Nigeria que planea crear el “Amazonas de Africa, vendiendo a los consumidores cada vez más ricos de Lagos toda clase de cosas, desde heladeras a perfumes y cupcakes”. Su emprendimiento anterior, DealDey, que ofrece descuentos al estilo de Groupon ahora es el sitio de comercio electrónico más rentable de Nigeria con 350.000 suscriptores.

El foro también escuchó a Mbwana Aliy, el fundador tanzanio de un fondo tecnológico de capital de riesgo centrado en Africa, y a Verone Mankou de la República Democrática de Congo, que diseñó una tableta que cuesta la tercera parte de un iPad. Mankou, de 26 años, también lanzó un smartphone africano, el Elikia, que significa “esperanza” en lengua lingala.

Tech4Africa es una idea de Gareth Knight, un sudafricano de 35 años que vive en Londres. “En Gran Bretaña en 2002-04, uno veía las camionetas de los proveedores de servicios de Internet instalando la banda ancha”, recordó. “Todo el mundo se conectaba aun cuando tuviera que usar un cibercafé”.

“Lo que ocurría en el Reino Unido y los Estados Unidos a comienzos de este siglo ahora está pasando en Africa con la plataforma móvil. El impulso lo dan las necesidades sociales y comerciales –por ejemplo, cuando la gente quiere enviar dinero–. El mercado es mucho más grande que el original de Gran Bretaña y EE.UU. Más y más personas van a estar conectadas online en el próximo par de años y van a querer las mismas cosas.” En el continente más pobre del mundo, sólo una de cada tres personas tiene acceso a la electricidad, pero muchas más tienen teléfono celular.

Africa es la región de más rápido crecimiento del mundo para los celulares y la más grande después de Asia, según la Asociación GSM. Actualmente hay en Africa unos 700 millones de tarjetas sim.

Los teléfonos celulares superan algunos de los problemas endémicos que han obstaculizado el progreso en el continente: una infraestructura deficiente (tanto de transporte como de transmisión eléctrica), zonas rurales escasamente pobladas y pobreza generalizada.

Los teléfonos con funciones básicas, que siguen siendo los más populares, son vitales para este entorno. Con pequeñas pantallas no táctiles, la carga de la batería dura mucho más, aunque la gente encuentra maneras innovadoras de recargarla, por ejemplo con las baterías de los autos.

La mayoría de estos equipos posee radio FM, que sigue siendo el medio de comunicación más importante en el mundo en desarrollo. Y muchos poseen una pequeña linterna.

En Africa oriental, el dinero móvil se usa tanto como el de papel; la región genera cuatro quintos de las transacciones del mundo. Con los mensajes de texto, es posible enviar dinero a otro celular utilizando decenas de miles de agentes participantes. Se calcula que la mitad del PBI de Kenia se mueve por medio de dinero móvil, en general usando el novedoso servicio M-Pesa, que tiene unos 14 millones de usuarios.

Los celulares fomentan la comunicación como jamás lo había hecho otra tecnología, uniendo en décimas de segundo aldeas a las que se habría tardado días en llegar a pie o en auto. Los servicios de información vía mensaje de texto permiten a los agricultores conocer las técnicas más adecuadas, los precios del mercado y las condiciones meteorológicas. Los desempleados pueden suscribirse a alertas de texto que les avisan de ofertas de trabajo en lugar de tener que viajar.

Alan Knott-Craig, un empresario tecnológico sudafricano de 35 años, dijo “Esto está iluminando el continente negro. Las personas hablan entre sí. En los viejos tiempos, uno no podía hablar con su familia si era un trabajador itinerante; ahora sí que puede hacerlo. El siguiente nivel es el dinero. El dinero le da a la gente libertad social y también libertad económica.” Los emprendedores locales en centros como Accra, Ciudad del Cabo, Lagos y Nairobi tienen la ventaja de conocer las necesidades particulares de Africa cuando compiten con los gigantes de Silicon Valley.

Han surgido numerosas redes sociales específicamente para celulares, que ofrecen a los usuarios comunicaciones baratas o gratuitas. Mxit y 2go de SudAfrica tienen 44 millones y 20 millones de usuarios respectivamente, esta última sobre todo en Nigeria. Otras empresas como Motribe y FrontlineSMS ofrecen comunidades móviles.

Según Internet World Stats, Africa sigue teniendo la tasa de penetración de Internet más baja del mundo: 15,6 por ciento. Las PC de escritorio y las tabletas como el iPad son relativamente escasas, están muy dispersas y han sido superadas por la tecnología más adaptada que ofrece el teléfono celular. En la convulsionada Somalia, por ejemplo, la feroz competencia no regulada ha hecho que los celulares sean económicos y estén muy difundidos, mientras que la penetración de Internet llega al 1,14 por ciento de la población.

Entre la minoría africana conectada por banda ancha, Facebook y Twitter, los blogs y las revistas online y los sitios para compartir música y videos están prosperando. Eso incluye la esfera política: las atrocidades que en otra época podían ser ocultadas por un régimen autoritario ahora rápidamente pueden difundirse y llegar a un público mundial, mientras que las locuras de los dirigentes son objeto de investigación y burla como nunca antes. Los políticos astutos como el presidente de Rwanda Paul Kagame han creado sus propias cuentas para estar conectados y evitar el tipo de movilización masiva que se vio en la primavera árabe.

“El celular va a traer aparejada una enorme transparencia y una gran facilidad para compartir información, algo que Africa nunca había tenido”, señaló Alan Knott-Craig. “Social y políticamente, eso nivela las cosas. La gente no va a poder decir cosas que no son ciertas; la propaganda ya no va a funcionar”.

“Estoy seguro de que este es el momento en que la tecnología puede marcar una gran diferencia en la vida de la gente. Hoy hay chicos de 5 a 9 años que, cuando lleguen a los 20, tendrán la tecnología tan incorporada a su vida que la vieja Africa ya no existirá para ellos.” © The Guardian, 2012.

TRADUCCIoN de Elisa Carnelli.

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