AFGANISTAN : La ofensiva militar aumenta las contradicciones de los invasores

Desde el 15 de febrero, las fuerzas de la OTAN en Afganistán están realizando una ofensiva en la provincia de Helmand en el Sur del país. 15 mil soldados de las tropas de ocupación fueron desplazados para esta acción militar, en una de las provincias donde el Talibán tiene más influencia y control.

El plan del imperialismo es hacer retroceder de las ciudades al Talibán. Después de la ofensiva, la idea es consolidar la estabilización de la región mediante la acción de tropas afganas y del envío de 1900 policiales afganos, entrenados por instructores norteamericanos, que se desplazarían para asumir tareas policíacas específicas.

El comando militar anunció con bombo y platillo la toma de la ciudad de Marjah, capital de la provincia. También fue divulgada la prisión en Pakistán de Abdul Ghani Baradar, el dirigente número 2 del Talibán, especialmente conmemorada por los medios de comunicación imperialistas por ser un resultado de la una acción conjunta con los órganos de seguridad paquistaníes.

Sin embargo, a pesar de estos supuestos éxitos, la ofensiva militar no parece ir nada bien. Al contrario, da la impresión de debatirse en un atolladero. Las tropas encontraron una sorprendente resistencia de tiradores bien calificados del Talibán. Además de eso, los ataques de las tropas imperialistas mataron gran número de civiles en más de una ocasión, causando problemas políticos y provocando hasta la protesta del gobierno títere de Karzai. El comando de las tropas de ocupación fue obligado a disculparse y justificar el “error” acusando al Talibán de usar los civiles como escudo humano.

Las protestas contra el bombardeo de civiles reflejan la indignación provocada por la política consciente de los EUA, durante la mayor parte de los ocho años de guerra, de realizar bombardeos indiscriminados que arrasaron poblados y mataron familias enteras. En los últimos tiempos, el gobierno de los EUA, consciente de su desgaste, ha buscado evitar el bombardeo de civiles para intentar ganar el apoyo de la población. Este fue el discurso del general Mc Chrystal, cuando asumió el comando de las tropas americanas en el país. Por eso, la ocurrencia de nuevos bombardeos contra la población civil durante la actual ofensiva acentúa el desgaste de la ocupación y produce reacciones políticas hasta en el servil gobierno de Karzai.

De otro lado, como para mostrar que su capacidad de acción continúa intacta, el Talibán realizó una serie de ataques contra hoteles de Cabul, la capital del país, matando 16 personas, sólo dos semanas después de iniciada la ofensiva. Fueron los primeros ataques del grupo en esta ciudad desde el 18 de enero.

Es preciso añadir a este cuadro, la situación política interna y los problemas causados por la guerra al imperialismo americano y europeo. Hay una creciente oposición de la población de Europa a la implicación de sus países en la guerra de Afganistán. Es el caso, por ejemplo, de Inglaterra, España y Alemania. En Holanda, se cayó recientemente el gobierno parlamentario justamente por la presión popular y por divergencias entre la burguesía sobre la implicación del país en la invasión y en el envío de tropas. También en Estados Unidos el malestar causado por la ocupación viene en aumento.

Hay dos problemas de fondo en el escenario de la guerra. En el aspecto militar, la ofensiva se da después que las fuerzas imperialistas tuvieron muchos problemas. 2009 fue el peor año de la guerra para las fuerzas de la OTAN que tuvieron 520 muertos en combate. Por otro lado, el Talibán avanzó mucho, en influencia política y acción militar. Afganistán tiene 36 provincias y el Talibán tiene fuerte presencia, cuando no control, en 30 de ellas. O sea, la ofensiva en Helmand no puede derrotar al Talibán y ni siquiera debilitarlo decisivamente.

Por eso aún, el imperialismo no se coloca como objetivo, derrotar al Talibán. En otras palabras, la estrategia de los EUA no es llevar a cabo una ofensiva hasta destruir al Talibán, sino presionarlo, con el objetivo de forzarlo a negociar en mejores condiciones para el imperialismo.

Y ¿que condiciones serían estas? Las que permitan la integración del Talibán al Estado y al gobierno afganos, totalmente tutelados por el imperialismo, asumiendo cargos políticos y puestos en el aparato estatal. La condición sería que el grupo pusiera fin a las acciones militares y aceptara la presencia de bases y tropas norteamericanas. Por otro lado, las tropas de ocupación dejarían de intervenir en acciones ostensivas de patrullaje y seguridad interna.

Entre las hipótesis que están siendo estudiadas por el imperialismo estaría la integración de la organización militar del Talibán en las fuerzas armadas afganas, al ejemplo de lo que se hizo para desmontar procesos de insurgencia guerrillera en varios países. En este contexto, la seguridad interna sería asumida por esas fuerzas armadas, totalmente financiadas y controladas por el imperialismo.

Una de las mayores evidencias de esta estrategia fue la Conferencia sobre Afganistán, realizada en Londres en 28 de enero. El evento, que fue patrocinado por la ONU y por los países invasores, como Inglaterra y Estados Unidos, contó con la presencia de delegaciones de más de 60 países. En el Encuentro, Hamid Karzai, presidente de Afganistán, presentó un plan de conciliación con El Talibán que, según el periódico brasileño Folha de São Paulo prevé, “la reintegración de miembros de todos los niveles del Talibán.” De acuerdo con esta publicación, “…los 20 a 30 mil combatientes recibirán ofertas de dinero y empleos, financiados por donaciones de aliados internacionales. Ya los líderes del grupo…podrían obtener espacios en la estructura de gobierno nacional”.

Para comenzar el proceso de negociación, Karzai contaría con la ayuda de Pakistán y de Arabia Saudí, dos de los tres países que reconocieron el régimen del Talibán antes de su caída en el 2001.

Como para dejar clara la estrategia negociadora, la conferencia también estipuló que en diciembre de este año o en enero de 2011 comenzará el pasaje gradual de la responsabilidad por la seguridad de cada Provincia para las fuerzas armadas afganas. El comunicado final de la conferencia prevé que dentro de tres años los propios afganos deberán conducir la mayor parte de las operaciones en áreas de conflicto y en cinco años serán responsables por la seguridad de todo el país.

Toda esta estrategia del imperialismo es una tentativa coherente de minimizar los costos políticos y militares de una guerra perdida y salir del atolladero en que se metió. Sin embargo, cabe preguntar: ¿alguien lo acordó con el enemigo? ¿El Talibán va a seguir el guión trazado por el imperialismo y capitular a través de la combinación de negociación y presión armada?

Sin duda esta posibilidad existe, porque se trata de un movimiento burgués, de hecho, de los más reaccionarios. Pero hasta ahora, el hecho es que han enfrentado al imperialismo con armas en mano y han obtenido un éxito, no sólo en los enfrentamientos militares, sino también y principalmente, en ganar el apoyo político de la mayoría de la población. Y ya rechazó las primeras propuestas de negociación hechas por Karzai. Por lo tanto, las fuerzas imperialistas de ocupación y el gobierno títere tienen una difícil tarea al frente, cuyas contradicciones están siendo acarreadas por la actual ofensiva. A la vista no hay salida del atolladero.

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