AERONAUTAS EN MONTEVIDEO

Extraordinario destaque alcanzaban los festejos patrióticos en la segunda mitad del siglo pasado. Solían engalanarse con exhibiciones de acrobacias y equilibrismo, carreras de sortijas y de embolsados, competencias de palo enjabonado, piñatas. Pero ninguna atracción comparable a las arriesgadas ascensiones en globo, que hacían furor en el Viejo Mundo, y que acababan de ser trasplantadas aquí con la novelería imaginable. Rara fue la celebración patriótica por aquellos años que no contara con alguna demostración aeronáutica a cargo de denodados viajeros de los espacios. Casi todos se hacían llamar “Capitán” – nadie averiguaba capitán de que y de donde – ; todos vestían rigurosa chaqueta de oficial, con el pecho recargado de esplendorosas medallas vaya a saberse otorgadas por quien, ya que nadie lo preguntaba tampoco. Allá se encaramaban los héroes en una especie de trapecio y , sentados encima, se elevaban por los aires, saludando desde la altura a la muchedumbre montevideana que, embobada, los despedía con vivas asombrados y el sacudir entusiasta de pañuelitos. Allá por el año 1886 tuvimos por acá a un tal Capitán Martínez, llegado a nuestras playas con sus dos hermosos globos de nombres épicos : el “Cid Campeador” y el “Perla de Castilla”. El 25 de julio, este osado realizo su primera proeza, elevándose desde el llamado “Prado Oriental” (por aquel entonces un aristocrático paseo, hoy nuestro Prado a secas) ; y desde allí voló hasta el Cerrito de la Victoria, durante unos diez minutos que fueron la admiración de todo Montevideo. El 1º de agosto repitió igual travesía, otra vez en el hermoso “Cid” y con idéntica felicidad. Pero se aproximaba el 25 de agosto. Las autoridades programaban los grandes festejos para fecha tan magna. Como no podía ser de otro modo, se pensó que las celebraciones populares tenían que centrarse en aquel numero que en ese momento constituía el comentario general de la ciudad. Y así quedo convenido : el Capitán Martínez se elevaría ese día , desde nuestra Plaza Cagancha, pero ahora en su otro aerostato, el “Perla de Castilla”. El día amaneció radiante, como cuadraba a la fecha y al alborozo popular. Llegada la hora, se encendieron en medio de la plaza los fuegos que debían proporcionar el aire caliente con que hincharle la voluminosa barriga al globo. Pero no bien comenzó la tela a ponerse tensa, apareció un pequeño contratiempo: en la parte superior de la esfera – que por lo demás lucia bastante remendada – surgieron algunos puntos negros, y por ellos empezaron a filtrarse columnitas de humo, cada vez mas espesas. La gente se inquieto un poco con la novedad, al ver que la “Perla” no se inflaba por mas de Castilla que fuese. Encima , se puso a soplar una molesta brisa del sureste, que pareció preocupar al Capitán Martínez casi tanto como las filtraciones de tela…

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