Actinomicosis torácica: una entidad de difícil diagnóstico

Introducción La actinomicosis es una infección bacteriana, poco frecuente, producida por microorganismos del género Actinomyces, siendo Actinomyces israelii (A. israelii) el más habitual, aunque otros microorganismos pueden dar lugar a cuadros indistinguibles e incluso formar conglomerados que se asemejan a los gránulos de azufre de Actinomyces1. Se trata de bacilos grampositivos, filamentosos, ramificados, no esporulados, anaerobios o microaerófilos, de crecimiento lento, colonizadores habituales de la boca, colon y vagina. Su cultivo requiere medios enriquecidos, donde tardan de 3 a 10 días en crecer, aunque puede prolongarse hasta 2-4 semanas2. La mayor rentabilidad diagnóstica se obtiene con el pus, aunque solo un 26% de los cultivos resultan positivos1. Con frecuencia la infección es polimicrobiana, considerándose como copatógenos frecuentes a algunos bacilos gramnegativos, como Fusobacterium, Eikenella, Bacteroides y Enterobacterias, así como a Staphylococcus y Streptococcus. Del 15 al 45% de los casos se localizan en el tórax, a menudo como resultado de la aspiración de material infeccioso de la orofaringe con menos frecuencia se debe a una perforación esofágica con extensión al mediastino, o se propaga desde un foco abdominal o por vía hematógena3. La infección suele extenderse a la pleura e incluso a la pared torácica con formación de trayectos fistulosos con drenaje cutáneo de «gránulos de azufre», aunque esta no es actualmente la forma más común de presentación3. Es más frecuente en edades medias de la vida, y más en varones, asociada probablemente a una peor higiene dental y a traumas orales. Generalmente ocurre en pacientes inmunocompetentes, aunque puede afectar a enfermos…

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