Acompañar institutos que corren riesgo de extinción. La opción de morir con dignidad. El arte carismático de morir

Este es el interpelador título que me han ofrecido para estas reflexiones. Las comienzo con tres citas de un autor clásico en el tema: “El ciclo vital completo de las agrupaciones de vida religiosa se extiende por un periodo que varía entre 250 y 300 años” 1. También nos recuerda que “La decadencia está inscrita en el mismo destino de estas agrupaciones”2. Y continúa afirmando que “se ha dado la extinción por inanición. Esta es la eventualidad más frecuente en la historia. Recordemos que de las 105 fundaciones realizadas antes de 1600, no hay más que 25 que aún permanecen con vida. Por tanto, es claro que los ejemplos de longevidad constituyen excepciones. Tres de cada cuatro fundaciones han cerrado el ciclo que hemos puesto de relieve. Se han extinguido para siempre”3.
La muerte de los institutos religiosos es una posibilidad, un riesgo y en algunos casos una realidad. Me ha tocado en un par de ocasiones ser “autoridad” para formalizar “defunciones”; en un caso se trató de un monasterio y en otro de una congregación religiosa femenina. He visto “morir” obras, comunidades, provincias o viceprovincias. Así desde una fecha determinada y en una concreta ciudad no hay ningún religioso de una congregación que en su día fue la primera en llegar hace una par de siglos. Murieron ahí. Algo de esas experiencias volcaré en estas páginas. Pero lo que está en mi mente en este momento es, sobre todo, las varias páginas que he escrito sobre la refundación de la vida con-sagrada y el esfuerzo por hacerla realidad en el mundo cercano de la vida marianista y en el más lejos de la vida consagrada en general y todo ello para evitar las defunciones o al menos para no adelantarlas. Hace 15 años escribía unas páginas en el libro Por un presente que tenga futuro4 sobre la “vida consagrada hospitalizada” y cómo se tenía que hospitalizar para librarla de la muerte. Parte de esa reflexión también nos va a servir en este artículo. Ahora, después de pre-sentar un icono para toda esta reflexión daremos un primer paso y hablamos de la muerte. Eso le ocurre al que está enfermo y los médicos no aciertan en el diagnóstico y en la medicación y cuidados. En un segundo momento hablaremos de la muerte de los institutos y, por fin, del acompañamiento para ayudar a morir con dignidad; para morir carismáticamente. Por supuesto, que en este momento son varios los institutos que enfrentan la realidad de la muerte. Están aboca-dos a vivir su ocaso. Otros, incluso nacen ya con pocas posibilidades de pervivencia

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