Aceptación de Dios

Rabino Arieh Sztokman

 

Jetró manifestó su alegría por todo el bien que el Señor había dispensado a Israel, librándolo del poder de Egipto y exclamó: “Bendito sea el Señor que los libró de las manos de los egipcios y de las manos del Faraón. Ahora sé que el Señor es más grande que todos los dioses, porque él salvó a su pueblo del poder de los egipcios, a causa de la arrogancia con que estos lo trataron”. Luego Jetró ofreció un holocausto y sacrificios a Dios y Aarón y todos los ancianos de Israel fueron a participar de la comida con el suegro de Moisés, en la presencia de Dios.

Éxodo 18:9-12

 

Jetró era el Sumo Sacerdote de Madián, es decir, era el Sumo Sacerdote de un pueblo pagano, politeísta y supuestamente idolatra (Se estima que los madianitas adoraban una serie de dioses). Dadas todas estas características, es suponer que no le importaría lo que Señor hizo para con el pueblo de Israel.

 

También se podría suponer que, dado que adoraba distintos dioses, no le afectaría aceptar uno más dentro de su colección; sin embargo, se regocijó por todo lo hecho por Señor, en lugar de alegrarse por los pesares egipcios.

 

Acepta y alaba al Dios de Israel.

Que actitud maravillosa la de Jetró que, siendo Sumo Sacerdote de otro sistema de creencias religiosas, en ningún momento pretende considerar a alguno de sus dioses por encima de Dios, todo lo contrario, lo reconoce como liberador. Tampoco pretende imponer su ideología sino que, por el contrario, tiene una actitud de encuentro, de reconocimiento, de agradecimiento.

Además, nos enseña que, no obstante el lugar de importancia que ocupa como Sumo Sacerdote, también puede producir cambios en su creencia diciendo “ahora sé que el Señores más grande que todos los dioses”, descubre dentro de sí mismo una nueva dimensión en cuanto a la fe en Dios.

Jetró no deja de lado sus creencias sino que acepta y reconoce la de los otros, se alegra por el bienestar de otros seres humanos diferentes a él, no pretende que los otros piensen y sientan como él.

“Qué bueno y que agradable es que los hermanos vivan juntos” (Salmo 133:1) Que bueno y agradable seria que los hermanos de distintas creencias religiosas vivan juntos en lugar de estar tan separados.

Además, cada uno quiere tener razón e imponérsela a los demás, logrando de esta forma una inmensa separación, diferencias que han generado, a lo largo de muchos años, muertes, desencuentros, sentimientos negativos.

Jetró hace ofrendas a Dios y luego se encuentra con los demás para celebrar juntos.

Su actitud es maravillosa dado que fue capaz de construir puentes de encuentro entre hermanos. Todas la partes intervinientes aportaron de si para lograr estar juntos en lugar de crear separaciones.

Vivimos en un mundo en el cual los seres humanos que ostentan jerarquías y/o título honoríficos, que debieran guiar a muchos y dar muy buenos ejemplos de concordia, encuentro, honestidad, respeto, en su lugar han creado y siguen haciendo diferencias que solo conducen al desencuentro, guerras y muertes.

Aprendamos de Jetró. Hagamos a favor del encuentro entre distintos.

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