A LOMO DEL ESPINAZO DEL DRAGÒN

A lomos del espinazo del dragón

Andábamos escalando la roca escarchada cuando nuestros estómagos comenzaron a rugir de hambre y desconcierto. Nuestras espaldas, cargadas de kilómetros y de frío, temblaban como témpanos de hielo a merced del gélido viento montuno de un enero especialmente áspero, según nos habían comentado unos lugareños. Habíamos perdido el mapa y la vereda, y el norte, el sur, el este y el oeste eran sólo palabras enterradas bajo el miedo incipiente que amenazaba con desmadejar nuestras ganas de aventura.[…].

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