A 1.700 años de la conversión de Constantino, el Grande

A 1.700 años de la conversión de Constantino, el Grande

Ciudad del Vaticano, 18 de abril de 2012.- Se presentó ayer, en esta ciudad, un congreso internacional dedicado a la figura de Constantino el Grande y las lejanas raíces espirituales y políticas de Europa.

Del 18 al 21 de abril, en el Vaticano, destacados historiadores centrarán su atención en el estudio de este emperador romano que en el siglo IV se convirtió al cristianismo y abrió las puertas de su imperio a la libertad de culto de los cristianos, después de la célebre batalla del Puente Milvio contra su rival Majencio, al que ganó con la señal de la cruz.

El congreso está organizado por el Comité Pontificio de Ciencias Históricas, con motivo del 1.700º aniversario de esa batalla de Puente Milvio y de la conversión de Constantino.

Se trata de echar una mirada a los orígenes de Europa y de una de sus principales señales de identidad: la libertad religiosa que tardaría casi diecisiete siglos en ser reconocida como la base de los derechos humanos junto con la vida y la dignidad de la persona.

El recuerdo de Constantino nos lleva a recordar al mismo tiempo la historia de la Iglesia que sobrevivió de las catacumbas a las que había sido arrojada durante las sangrientas persecuciones de los endiosados emperadores romanos. Otro dato para esa historia, no siempre tenido en cuenta, es que fue la propia Iglesia la que abogó ante el emperador por la libertad de creencias y el respeto del paganismo, que poco a poco abrazaría la fe con la ayuda de la razón.

El congreso, por tanto, se enmarca en la nueva evangelización impulsada por Benedicto XVI, basada en el binomio de fe y razón, dentro del respeto a la libertad religiosa, como argamasa del cambio de cultura que está exigiendo una Europa necesitada de recuperar sus señas originales de identidad.

El congreso se presentó en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, y hablaron el padre Bernard Ardura, O. Praem, presidente del Comité Pontificio de Ciencias Históricas; Claire Sotinel, profesora de historia romana en la Universidad de Paris-Créteil y miembro de l’Ecole Française de Roma; y Giovanni Maria Vian, director del diario L’Osservatore Romano.

“Estas jornadas de estudio -explicó el padre Ardura- son el fruto de la provechosa cooperación científica con instituciones culturales de alto nivel: el Archivo Secreto y la Biblioteca Apostólica Vaticana, el Consejo Nacional de Investigaciones, la Biblioteca Ambrosiana, la Universidad Católica del Sagrado Corazón y la Universidad Estatal de Milán; con la cooperación y la aportación de la Delegación de la Unión Europea ante la Santa Sede, el Consejo Regional del Lacio y la Universidad Pontificia Lateranense”.

El congreso es el primero de un díptico que se completará en 2013 en Milán con motivo del 1.700º aniversario de la promulgación del Edicto de Milán, que estableció la libertad de religión en el Imperio romano dando fin a las persecuciones contra los cristianos.

Mientras el congreso de 2013 se ocupará de la denominada “revolución constantiniana”, el de Roma abordará el contexto en que vivió Constantino y las relaciones entre cristianos e imperio romano antes del 313. Los expertos, dijo Ardura “discutirán sobre las relaciones entre religión y Estado, sobre la idea de libertad religiosa en el Imperio y sobre la religión desde el punto de vista del emperador y del Senado romano”.

Un tema clave será la conversión y el bautismo de Constantino y su actitud hacia los cristianos tras la batalla del Puente Milvio, que tuvo lugar el 28 de octubre de 312 y en la que pereció su rival, Majencio. Los historiadores cristianos de esta época y posteriores, influidos por el relato de Eusebio de Cesarea, vieron en la victoria de Constantino una intervención divina.

“La batalla no fue un hecho de gran relieve desde el punto de vista propiamente estratégico y militar -afirmó el padre Ardura- pero asumió rápidamente el papel de símbolo fundador de un mundo nuevo, nacido del encuentro de Constantino con el cristianismo. Efectivamente, estaba a punto de concluir la era de las persecuciones imperiales contra los cristianos, para favorecer la evangelización del imperio entero, esbozando el perfil de la Europa occidental y balcánica”.

“Una Europa, finalizó el padre Ardura- en que florecieron los valores de dignidad humana, de cooperación entre religión y Estado, de libertad de conciencia, de religión y de culto”. Ciertamente, estos hechos, que pasarán a formar parte del patrimonio humanista y cultural de Europa, necesitarán muchos siglos para alcanzar la madurez, pero están ya todos en germen en la ‘revolución constantiniana’ y, por tanto, en la batalla del Puente Milvio”.

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