¿QUÉ BELLEZA SALVARÁ AL MUNDO?

“Ahora ha llegado el juicio de este mundo,
ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera;
y cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra,
atraeré a todos hacia mí».
Jesús decía esto para indicar cómo iba a morir”.
(Jn 12, 31-33)

El Cardenal Carlo María Martini, Arzobispo emérito de Milán, en una de sus tantas y valiosas cartas pastorales, nos recordaba “la pregunta que Dostoievski, en su novela El Idiota, hace por labios del ateo Hippolit al príncipe Myskin: ¿Es verdad, príncipe, que dijisteis un día que al mundo lo salvará la belleza? Señores-gritó fuerte dirigiéndose a todos-, el príncipe afirma que el mundo será salvado por la belleza… ¿Qué belleza salvará al mundo?

El príncipe no respondió a la pregunta, igual que un día Jesucristo, no había respondido más que con su presencia a la pregunta ¿qué es la verdad? Parece como si el silencio de Myskin-que con infinita compasión de amor se encuentra junto al joven que está muriendo de tisis a los dieciocho años-quisiera decir que la belleza que salvará al mundo es el amor que comparte el dolor.” En definitiva nos habla de la belleza de rostro del crucificado como paradigma de Salvación.

¡Cuánto necesita hoy nuestra Patria el brillo de esta belleza salvadora en el rostro de sus ciudadanos!

Necesitamos imperiosamente desterrar la fealdad de ciertos rostros.

¿Cuáles son los rostros feos?

Los de aquellos que buscan salvarse a sí mismo desentendiéndose de sus hermanos.

¡Cuántos matrimonios, familias y hogares feos! descomprometidos, fragmentados, egoístas.

¡Cuantos padres feos! que se salvan de ser delincuentes simplemente porque son inútiles. Que dejaron de ser padres, para ser amigotes y ahora han dejado de ser amigotes para ser cómplices. Lamentable.

¡Cuántos niños feos! sepultados bajo los escombros de la miseria, algunos, y de la abundancia, otros. A quienes les hemos robado y profanado la infancia, la inocencia transfiriéndoles nuestros dramas, dejándoles ver cualquier cosa, hablando delante de ellos lo que se nos da en gana

¡Cuántos jóvenes feos! biológicamente juveniles pero espiritualmente envejecidos, empobrecidos por el consumo, masificados por la imitación, frágiles de voluntad, pigmeos de ideales , destruidos por la droga y sin garantías de futuro. Despreocupados de las responsabilidades estudiantiles, laborales y sociales cuyas preocupaciones no pasan los límites de la patota, el alcohol, el pucho, el baile, la salida, el cyber o la cancha

¡Cuantos profesionales feos!, mercantilizados y comercializados.

¡Cuántos dirigentes sociales feos! sirviéndose a sí mismos. Cuyo único proyecto son ellos mismos, que en lugar de gobernar para las próximas generaciones, gobiernan para la tapa del diario y para sus propios intereses.

¡Cuántos periodistas feos! tergiversando la verdad y simplificando la complejidad de los real, solo para vender.

Y la lista de fealdades podría continuar.

Ante estas fealdades el desafío es tallar en nuestros rostros “la belleza del crucificado”

La belleza de aquellos que hacen de la vida una ofrenda, un deber y una oblación.
La belleza de quienes postergan su noviazgo hasta consolidad su voluntad, disciplinar su afectividad y madurar su inteligencia.

La belleza de aquellos que optan por una carrera, un oficio para servir mejor a la comunidad.

La belleza de quienes prefieren perder el ojo, el brazo, el pie; si ese ojo, pie o brazo son ocasión de pecado.

La belleza de los que no profanan el amor.

La belleza de mantenerse firme aunque el entorno claudique

La belleza de quienes deciden su futuro, orando, consultando y reflexionando.

La belleza de quienes son fríos o calientes, porque los tibios serán vomitados por el Señor.

La belleza de hacernos, como María, esclavos de la palabra del Señor.

La belleza de aquellos que sufren cuando la Iglesia y el País padecen y se alegran cuando la Iglesia y la Patria triunfan.

La belleza de quienes son capaces de asumir el martirio de vivir contra la corriente.

Porque es mentira que no se pueda pensar en cristiano si la mayoría piensa en pagano.

Es mentira que no se puede vivir entre límites porque pocos los ponen.

Es mentira que no se puede ser moral en una atmósfera de inmoralidad.

Es mentira que la vida y la felicidad se encuentran en el sexo fuera del matrimonio, sin compromiso, sin amor y utilizando a “san profiláctico”.

Es mentira que el responsable es traga y el chanta, vago e inútil, piola.

Es mentira que optar por mi sin los otros, contra los otros, a pesar de los otros , me pueda realizar.

Es mentira que portarse mal hace bien y que el bien hace mal.

Nos conceda el Señor la Gracia de la Belleza de su Rostro que trae la salvación para bien de nuestra Patria.

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