¿MURO DE LOS LAMENTOS?

¿MURO DE LOS LAMENTOS?

Por Moshé Korin

«TISHA Beav”

“HAKÓTEL HAMAARAVÍ”

(EL MURO OCCIDENTAL).

Se cuenta que Napoleón Bonaparte, en su campaña de Rusia, llegó a un poblado y salió a caminar con sus colaboradores. De pronto oyó un llanto extraño, inexplicable, de muchas voces. Intrigado, mandó a su gente a recabar información. Le contaron que esos hombres eran judíos, y que lloraban porque les habían destruido el Templo de Jerusalem. Quiso conocer más detalles, y cuando supo que el hecho había ocurrido 1800 años atrás, pensó un momento y dijo: -“Un pueblo que durante 1800 años es capaz de recordar con tristeza lo que le sucedió, puede tener esperanzas en su futuro”.

“THISHÁ BEAV”.
Año tras año, cuando llega el 9º (noveno) día del mes de Av (“Tishá beAv”), este año es el 9 de Agosto de 2011, los judíos rememoran la destrucción del Primer Templo y del Segundo Templo de Jerusalem (“Bet Hamikdash”), por los babilonios en el año 586 antes de la Era Común y por los romanos en el año 70 de esta Era, respectivamente. La historia y la tradición judías (mishná taanít VI), hablan de otros hechos desgraciados ocurridos en esta fecha, tales como la decisión de que la generación de judíos salida de Egipto, no entraría en la Tierra Prometida (Números XIV, 23). En “Tishá beAv” cayó la fortaleza Betar, último reducto de las fuerzas de Bar Kojvá que, en un esfuerzo desesperado, habían intentado liberarse del yugo romano (año 135 de la Era Común). También un 9 de Av el emperador Adriano mandó arrasar las ruinas de Jerusalem y arar el sitio donde se hallaba el Templo.
La expulsión de los judíos de España, en 1492, tuvo lugar el 9 de Av. Y por una triste coincidencia, el atentado a la sede de la AMIA en Buenos Aires, se produjo el 10 de Av, en el año 1994. (Es por eso que, año a año, en la sinagoga de la Escuela “Talpiot” se realiza un Acto Central Recordatorio el 9 de Av por la noche).
“Tishá beAv” es, por lo tanto, un día de ayuno y de duelo. Los judíos de todo el mundo se reúnen en sus diferentes sinagogas para leer de los rollos allí guardados las “Lamentaciones” (Meguilat Eija), del profeta Jeremías, que en ellas llora la ruina del Primer Templo. El texto hebreo original se titula “Eija” (¡Cómo!), ya que comienza con la frase: “Eija iashvá badad haír rabati am” (¡Cómo quedó en soledad la ciudad populosa!). Se leen también otras Lamentaciones (“Kinot”), referidas a los tristes hechos citados y a otros más que marcaron la historia del pueblo judío en su largo exilio: las matanzas perpetradas por los Cruzados en las comunidades de Alemania y de Francia (años 1096 y 1146), la quema de los manuscritos talmúdicos en París por orden del Papa Gregorio IX (año 1242), suceso que fue presenciado por el Gran Rabino, el Mahara´m de Rutenberg, Moreinu Harav Meir, quien en conmemoración de este horroroso hecho, compuso la famosa endecha, la oración que se lee en Tishá Beáv “Ierushlaim”, “Shaalí, serufá baesh, shoélet lishlom aveiláij” (Jerusalem, tú que fuiste quemada, inquiere por la paz de los rollos sagrados del Talmud, en llamas).

TRADICIONES DE DUELO
“Tishá beAv” es un día de numerosas prácticas de luto, tanto en la vida individual como en la colectiva. La cena antes del ayuno de “Tishá beAv” es frugal, no se ingieren en ella productos cárnicos (al igual que durante los primeros días del mes de Av), y la comida es poco elaborada y escasa, en recuerdo de la destrucción del Templo.
En la noche de “Tishá beAv” se acostumbra quitarse los zapatos, acudir a la sinagoga, pronunciar “Kinot” (elegías) y lamentaciones. Se retira la “Parojet” (cortina) del Arón “haKodesh” (Arca Sagrada), y hay quien acostumbra invertir los pupitres y bancos en la sinagoga. No se encienden luces y se lee a la luz de las velas.
En este día también se acostumbra visitar los cementerios y recostarse sobre las tumbas de “tzadikim” (justos).
Muchos no trabajan en “Tishá beAv”, y las mujeres tampoco realizan la mayoría de las labores domésticas.

EL MURO.
En Jerusalem, esas lecturas y recordaciones se cumplen, además, junto al Muro Occidental (“Hakótel Hamaaraví”), el único que quedó en pie de ambos templos. Al respecto resulta interesante citar algunas frases del Memorándum que los dirigentes del “Ishuv” (Comunidad judía) en la entonces Éretz Israel (Palestina) entregaron a la Comisión Especial del Consejo de la vieja Liga de las Naciones, en el año 1930. Allí leemos: “En el transcurso de los siglos, los autores cristianos llamaron al antiguo muro, Muro del Llanto (“Kótel Habeji”), Muro de las Lágrimas (“Kótel Hadmaot”) y Muro de los Lamentos (“Kótel Hakinot”). Pero el Pueblo Judío lo llamó siempre “Hakótel Hamaaraví” (El Muro Occidental).
También en lengua inglesa se lo conoce como “Wailing Wall” (El Muro del Llanto) para los no judíos, pero “Western Wall” (El Muro Occidental) para los judíos. La misma distinción se dio en idioma castellano.
Estas diferentes expresiones reflejan una actitud distinta de judíos y no judíos respecto al “Kótel” (Muro). Los conquistadores extranjeros veían en él una señal de derrota y sometimiento. Para los judíos era, además, el símbolo de un pueblo invencible y la esperanza de un renacimiento nacional. Un antiguo “midrash” (comentario talmúdico) toma una frase de “Shir Hashirim” (Cantar de los Cantares II,9): “Hiné ze omed ajar kotlenu” (Helo aquí, tras nuestro muro), y la interpreta diciendo que el Espíritu Divino (“Shejiná”) nunca se apartó del Muro, porque el Altísimo juró que éste jamás sería destruido.
Los romanos no lograron hacerlo desaparecer, tampoco otros conquistadores a lo largo de los tiempos: el “Kótel” permaneció incólume en su histórica majestad. A través de los siglos, hubo judíos recitando sus plegarias en ese lugar, siempre que les fue posible, aun en las circunstancias más adversas. En ocasiones debieron pagar un alto precio por tan sólo aproximarse. Hoy, ninguna potencia extraña regula el acceso al Muro, ya que éste se halla dentro del renacido Estado de Israel.

DE LA TRISTEZA A LA REDENCIÓN.
Los judíos que acuden a rezar sobre esas piedras, saben que el remanente del Templo representó siempre para el pueblo exiliado una esperanza de redención (“Gueulá”) y de retorno a su Tierra (“Shivat Tzión”). El 9 de Av, día de profundo duelo, los judíos ratifican que siguen aguardando al Mesías. Al respecto, otro “midrash” señala que “el mismo día en que el Templo cayó, comenzaba a llegar el mesías al mundo”.
En un pasaje de sus Lamentaciones, el profeta Jeremías insinúa que “Tishá beAv” llegará a ser, alguna vez, un día festivo (Lamentaciones (“Eijá”) I, 15). Por su parte, el profeta Zejaria (Zacarías VII, 19) anuncia que “los distintos ayunos se tornarán en gozo y en solemnidades festivas para la casa de Iehudá (Judá)”. En ese sentido, el Muro Occidental irradia luces de fe en una redención plena (“gueulá shlemá”).
El duelo y el pesar son también el camino hacia la redención. Dijeron “Jazal” – nuestros Sabios de bendita memoria: “Kol ha-mitabel al Ierushalaim- zojé veroé besimjatá” (Taanit 32) (“todo aquel que se lamenta por la destrucción de Jerusalem habrá de contemplarla en su alegría”).
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