¿Adónde fueron a parar todos los neuróticos?

Para una generación, ser neurótico significaba algo más que ser simplemente ansioso y algo diferente de demostrar la histeria u otros problemas anímicos paralizantes para los cuales Freud utilizaba el término. Significaba ser interesante (aunque a veces exasperante) en un momento en el cual el psicoanálisis reinaba en los círculos intelectuales y Woody Allen reinaba en los cines.

En los últimos años, los psiquiatras desarrollaron un vocabulario más especializado para describir la ansiedad, componente básico de la neurosis, y la gente ha llegado a apreciar más profundamente sus dimensiones. En el proceso, hemos perdido, no obstante, todo el romanticismo de la neurosis. En la era actual el neurótico sería un invitado bienvenido, una compañía nerviosa para días nerviosos, siempre listo para aportar una dosis de la vacuna más potente contra la melancolía: una melancolía urbana, burlona.

«Todavía utilizo el término en mi consultorio cada tanto pero en realidad no dice mucho», dijo la doctora Barbara L. Milrod, profesora de Psiquiatría en el Weill Cornell Medical College de Nueva York. «Ahora tenemos formas mucho más útiles y específicas de describir el comportamiento inadaptado».

En 1994, el Manual de Diagnóstico y Estadística, la enciclopedia de trastornos mentales de la psiquiatría, eliminó oficialmente del libro a la neurosis. «Teniendo en cuenta lo que sabemos en la actualidad, el término resulta anticuado y peculiar», dijo el doctor Michael First, ex editor del manual. Sin embargo, en la actualidad, personas de todas las edades, y más específicamente los jóvenes, están sumergidos en la autoconfesión, no sólo en la cultura pop de los reality shows sino también en la disponibilidad cada vez mayor para el público de casi todo pensamiento diurno, a través de Facebook, Twitter y otros medios sociales.

«Creo que algunas de las características que antes atribuíamos a los neuróticos sencillamente se normalizaron», dijo Peter N. Stearns, autor del libro de próxima aparición Satisfaction Not Guaranteed: Dilemmas of Progress in Modern Society. «No tengo pruebas sólidas, pero basta mirar alrededor y observar cómo vivimos. Nos hemos acostumbrado tanto a las personas con preocupaciones y miedos constantes que la categoría ya resulta obsoleta.» El neurótico clásico sigue estando entre nosotros, de acuerdo pero mucho más acompañado.

«Digámoslo de otra forma», dijo Milrod. «Esta es una época ridícula y si para usted todo es lógico, probablemente algo no ande bien».
Razón de más para preservar una palabra que amplía la definición de normal siguiendo la mejor tradición y restituye a la ansiedad su alma. En primer lugar, preserva la privacidad cuando podría ser muy importante hacerlo.

Decir «es neurótica», implica una personalidad difícil, cohibida sin por eso ponerle un rótulo médico preciso. Se acerca más a «estresada» que a «trastornada» e implica una condición que va y viene como parte de la vida cotidiana. «A veces, la vaguedad tiene sus virtudes, y `neurótico’ suena a perturbado corriente más que realmente perturbado», dijo First. «Transmitir eso, tiene su valor, una conveniencia, y neurótico es más descriptivo de una personalidad que de síntomas».

El término neurosis de hecho precede un siglo a Freud. Originalmente se refería a un problema de los nervios, no de la mente, en oposición a la «psicosis» que implica un quiebre en el pensamiento lógico del tipo característico de la esquizofrenia. «Hemos perdido esa visión de enfermedad nerviosa como una enfermedad de todo el cuerpo, y ahora la llamamos trastorno del ánimo», dijo Edward Shorter, historiador. «Y es triste, pero decir a las personas que tienen un trastorno del ánimo las desorienta.

Creen que todo está en su cabeza, cuando en realidad lo sienten en su cuerpo; están cansadas, tienen dolores y afecciones somáticas, el agujero en el estómago ­es algo que se experimenta en todo el cuerpo». En la formulación original de fines del siglo XVIII, la neurosis también estaba libre de toda conexión genética. «Saber que alguien estaba `enfermo de los nervios’ no era necesariamente una garantía de condena para las generaciones subsiguientes como lo era la noticia de que un miembro de la familia estaba `mentalmente enfermo’», escribió el doctor Shorter en «From Paralysis to Fatigue», una historia de la enfermedad psicosomática.

«Las hijas de padres enfermos mentales podían no hacer buenos matrimonios, pues la futura familia política temía la perspectiva de una locura heredada; las hijas de padres enfermos nerviosos veían menos deterioradas sus perspectivas». Ahora, ¿quién no aprovecharía la posibilidad de ver menos deterioradas sus perspectivas? Equivale a un voto más a favor de la «neurosis» como un estado mental al que podemos retirarnos confiadamente en tiempos extraños.

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