¿Adan o mono?

1ª parte

El darwinismo en el centro del huracán

Soy un no-darwinista reconocido. Imposibilitado de explicar los pormenores, voy a plantear algunos asuntos de fondo. Un razonamiento de tipo científico, es decir, referido a la Realidad Manifestada donde nos encontramos, establece una relación entre el triángulo Dios, Hombre y Universo.

El modo como aceptamos este triangulo, según la tradición religiosa, o el rechazo, por no estar de acuerdo, puede alterar completamente el entendimiento de las cosas. El Hombre, y el Universo por analogía, representan los dos polos de manifestación que los cabalistas denominaron como: Chakmah o Sagacidad, y Binah o Sofía (Ciencia, Prudencia); Misericordia y Rigor; Religión y Ciencia, etc. Debe señalarse que por Universo o Materia, el polo de Sofía o Ciencia, se entiende no solo la realidad material (la conocida), sino también los vehículos del ser (los medios de conocer). El conocedor seria el hombre interior, el Espíritu, Luz, el polo de la Religión. Siendo los dos polos un todo, la verdadera Sagacidad sería Ciencia-Religión, inseparables.

Habiendo alterado la tradición religiosa occidental el concepto de triángulo, la manera como formulamos la Ciencia es sectaria, y constituye un impedimento para crear Ciencia basada en el rigor. No creemos que sea posible comprender las causas de nuestras dificultades, antes de corregir la errónea noción que tenemos del triángulo fundamental, que implica reconocer que evolucionamos (nosotros y no solo las especies). ¡Salgamos del contexto cultural impuesto! No vamos a pensar nada nuevo, no venimos a hacer revoluciones, revelaciones…, solamente repito aquello que fue enseñado a lo largo de los tiempos, con la esperanza de no adulterarlo. ¡A quienes no tuvieron esa experiencia de estar evolucionando hacia el infinito les va a resultar difícil! No lo es. ¡Vuestro propio ser responderá a la Verdad cuando la reconozca!

Todo evoluciona: la forma, la vida, y como reflejo la conciencia, que es el resultado del progreso de una y otra. La Evolución existe en todas partes, es global: átomos, estrellas, seres vivos… Es Cosmos es Evolución1 .

Es muy diferente orientar la vida en la convicción de que somos animales en lucha o la supervivencia de la especie, o en que somos hijos de lo Divino. El ser humano es modelado por sus convicciones, y si piensa que es un animal, se convertirá en aquello que piensa que es.

Existe en cada ser humano una presión del Bien y de la Verdad que es el centro de sí mismo. Cuando opta por el error comienza a sufrir un conflicto incurable dentro de sí, que puede llevarle a la autodestrucción. Sin sorpresa, paralelamente a los vencidos de la vida que caen en la droga, la enfermedad, terrorismo, o pasivamente sufren el encadenamiento a patologías psiquiátricas, vemos mucha gente despierta y afirmando con juicio que es necesario volver a amos, a pensar en la solidaridad, paz, tolerancia, etc., aunque tiene dificultad en poder explicarnos porqué ha de ser así y no al revés (que es materialmente más rentable, en la lógica de las convicciones en boga).

El incontenido deseo de amor es una reacción psíquica que viene de la profundidad del ser, un rechazo de la herencia darwinista y materialista de la Ciencia, heredada del siglo XIX, explorada por hombres procedentes de la sombra de la teología, ex-seminaristas que en suma comenzaron siendo dogmáticos religiosos –los de tizón, una palabra que significa también “diablo”, la separatividad-, y después se volvieron dogmáticos antirreligiosos.

En algunos Estados Americanos hay quien desea prohibir la enseñanza del darwinismo, e imponer el creacionismo. Es una lucha insensata, irracional, que ensucia los periódicos. Un espanto: ¿Cómo es posible, en un país que posee las mejores instituciones científicas del mundo, que se desencadenen incongruencias de tenor psiquiátrico?

La respuesta es que sus promotores están en el centro del caos social americano. Se producen culturas de violencia, intolerancia, mala calidad de vida, y reacciones psíquicas de primitivismo en el comportamiento y erosión de los valores morales y la Ética. Las religiones y la Ciencia aceptadas son hijas de la “Bestia Apocalíptica”. De nada vale decir paz, tolerancia o amor, si la estructura psíquica de cada uno continua siendo, en último análisis, emanada de la coexistencia de dos paradigmas antagónicos entre sí, el religioso o creacionista, y el científico o darwinista, ambos deletéreos. Torquemada haciendo caridad o Hitler defendiéndonos de un genocidio representan una incongruencia entre el Ser y la Vida.

La experiencia dice que valemos lo que valen los paradigmas que aceptamos. Los paradigmas vigentes son incompatibles con la Verdad y la Vida. Incluso antes de cambiar el mundo con proyectos de paz y tolerancia, contra el hambre y por los derechos humanos –que sin duda deben ser practicados-, debemos resolver el problema de raíz: la cualidad/verdad de los paradigmas que aceptamos.

Adán o mono? Es un conflicto de supervivencia de la Vida y no una erudita especulación o una cuestión de creencia religiosa. Todo va cambiando, de uno y otro lado, según el modo como nos entendemos los seres humanos, sin conflictos interiores que debilitan el poder y el saber. El conflicto es incurable si decimos: el darwinismo es ciencia, está demostrado. ¡No lo está! Realmente no lo está.

Los problemas son mal encarados, y cuando eso ocurre no existe solución. Demagógicos “ardores” sociales, humanistas, políticos y artísticos se imponen como una compañía de actores mediocres que desempañan papeles ilegítimos, asentados en la falsedad, que no conocen y raramente osan fundamentar sus necesidades espirituales. Tienen una nefasta tendencia a oprimir a otros, pues construyen un mundo de mentira para sí mismos, y donde hay falta de verdad hay opresión. La Verdad se revela desde dentro, por ser nuestra identidad; el error nos es impuesto siempre, porque no forma parte de nuestra naturaleza, y solo se mantiene si hay una fuerza que sustenta dicho error, que siempre es de cariz violento.

¿Adán o mono? Tal como son enseñados, ni uno ni otro; ambos son irreales. Al menos, si no estuviéramos alienados por doctrinas religiosas inmaduras, podríamos comprender que decididamente somos “hijos de Adán”, hijos de Dios y que nunca fuimos “monos” en la Tierra. En otras palabras, las religiones, orientales y occidentales, están en lo cierto, si fueran bien entendidas, encontrándose la Ciencia Materialista equivocada, y mucho. No extraña que las Religiones fueran reveladas por científicos perfectos, los Maestros de Sabiduría, que son dioses y no se equivocan; la Ciencia ha sido hecha por hombres que luchan por el ser, que se equivocan aun mucho, y que por orgullo se enfrentan a los verdaderos científicos, los Maestros2.

¿Soy iconoclasta? ¿Arraso con las creencias culturales religiosas y científicas sacralizadas? Respondo preguntando ¿No deberían sus malos frutos o consecuencias haber alertado sobre la sospecha de una falta de Verdad? Los astutos derriban religiones por ser creencias falsas, y en su pasión, ponen la Verdad y la ignorancia al mismo nivel. Llegó la hora de destruir los falsos paradigmas científicos. La ciencia materialista es un absurdo, una reacción psíquica al autoritarismo religioso y a las inquisiciones, una tentativa desesperada de liberación del hombre de los oropeles de las iglesias, que perdieron las joyas y tesoros inapreciables que sus Maestros les confiaron, por no haber sido dignas de ellos.

Estamos convencidos de la inexistencia de soluciones sin Amor (Filia o Ágape). Procuraré explicaros los elementos de la Ciencia holística. La Ciencia libera; está exenta de emoción que subyuga y genera dependencias. La Ciencia, como ya dije, es una matriz cósmica de Sofía y Compasión. Si es legítima, es el Amor Supremo que la propia Verdad despierta, aunque no confundamos Amor con emoción o sensualidad, lo que nos agrada los sentidos, lo que nos hace ser esclavos.

El origen hermético de la tradición científica

Buscamos una evasión de la Ciencia Materialista donde estamos aprisionados, lanzando las bases de la Ciencia Holística, que es la herencia de Sofía-Religión, de un pasado de Sabiduría llamado Hermetismo, Neoplatonismo, Teosofía, etc.

Helena P. Blavatsky, la discípula de los Maestros de Sabiduría que fue destinada a restituir la Teosofía moderna, el conocimiento holístico, la clave para unir religión y ciencia, los dos polos de la Realidad Manifestada, luchó bravamente para recolocar el Hermetismo en su pedestal, usurpado por la ciencia materialista antirreligiosa3.

Newton es considerado el padre de la sistematización de la ciencia moderna. Es sintomático que la mayoría ignore que Newton era un alquimista, y que la Royal Academy de la época alentaba esas actividades mágico-científicas. El Hermetismo y el entrenamiento en la metodología científica tienen una antigüedad inmemorial. La Sofía-Religión, que colocaba al servicio del ser humano poderes y saber ilimitados, tenía que ser practicada según métodos de gran rigor y cuidados extremos en la interpretación de todos los resultados y en su aplicación, pues los errores cometidos eran siempre muy trágicos. Fue a través de esa rigurosa preparación, practicada por hombres de honra y dignidad ejemplares, como nació la ciencia moderna.

Desafortunadamente aquello que es conocido como objetividad científica, es con frecuencia un dogma de quien ignora lo que es la verdadera Ciencia Holística y sus métodos. Antiguamente la Ciencia-Religión (Hermetismo) era practicada por seres humanos que probaban primero su virtud para ser aceptados. Hoy los parámetros de selección son la competitividad, arrogancia y la separación de polos inseparables: Ciencia y religión, tener y ser, cantidad y cualidad…

Cuando Newton falleció en 1727, los estudios alquímicos fueron retirados y clasificados como impublicables. Si en 1936 los descendientes de la sobrina de Newton no los hubiesen vendido, nunca sabríamos las razones por las cuales aquel científico holístico había sido tan avanzado.

Es deplorable que una mixtificación creada en el siglo XVII, al comienzo de la revolución científica, sea mantenida por oscuros intereses y continúe lesionando la Vida y oscureciendo los caminos de la Verdad, objetivo máximo de la Ciencia.

Einstein encontró en la lectura de la “Doctrina Secreta” (basta comparar lo que ahí se dice y lo que la física ha demostrado) la inspiración para llevar la Física fuera de los caminos culturales materialistas4. También otros físicos, defensores del paradigma holístico y de una Física muy próxima al Misticismo y a la filosofía-religión Vedanta5, continúan ocultando que estudian teosofía para evitar ser perseguidos. La Humanidad está siendo victima de una opresión intolerable e interesada, manipulada con los slogans de libertad que no se practican y con la pretendida autoridad de una Ciencia que los hechos desmienten.

La ciencia materialista y sectaria delimitó un campo, persiguiendo todo lo que estuviera fuera de él ¡y ese todo es lo más importante! Para trabajar en la Ciencia, desde Newton a Einstein, muchos precisan esconder la Verdad que reconocen, por ser ella un tabú.

Los científicos, como dice H.P. Blavastky, se han vuelto los más religiosos creyentes. Es una denuncia con coraje. Llegó la hora de decir a la clase formada que ignorar la antigua Sofía-Religión, o a la moderna Teosofía que la retomó, es acabar por hacer vivir deshumanizadamente, pues roba la capacidad del hombre de conocerse a sí mismo, la vida y el mundo que le rodea, de modo recto y adecuado. Despreciada la selección por la virtud de quien osaba reunir las condiciones éticas para ser admitido en el Templo de la Ciencia, existe un riesgo para la Humanidad: armas nucleares, guerras químicas, biológicas y de destrucción masiva, agujero de ozono, desaparición acelerada de las especies, desertificación, polución ambiental, mala calidad de vida, efectos colaterales de un progreso materialista; todo eso es prueba de que no debe formarse un verdadero científico sin exigirle un elevado grado de virtud y honra, con entrega total a la Verdad. El retorno a la Tradición excluiría a muchos de los que trabajan en Ciencia, y cuestionaría el sentido de la propia Ciencia.

En este punto, siempre hay una pregunta ¿Cómo reconocer la Verdad? El hombre medio tendrá mucha dificultad en acceder a ella directamente, aunque todo lo que es saber fundamental fue enseñado, en las religiones y métodos espirituales, por Maestros, científicos perfectos. Hay un vastísimo campo de estudio, bien documentado, a nuestra disposición, que si sabemos asimilar, nos dará los principios orientadores. El resto nos cabe hacerlo a nosotros, incluyendo la verificación de que esos principios son verdaderos y necesarios. Por favor, que no se nos acuse de sincretismo, debido a su tendencia a aislar todo, lo que le impide ver la unidad que se le muestra. Su mente nacida en la falsa cultura, que rehúsa estudiar los valores espirituales, en igualdad con otros materiales, tal vez sea sincrético. Mas la mente de quien esté entrenado en la investigación científica es sintética o sinérgica, porque sabe todo es Unidad. ¡Es muy diferente!

Olvidemos las doctrinas, y no los hechos aprendidos, y formulemos la Ciencia de nuevo, en otros paradigmas. Entonces el Hombre será capaz de reunir Ciencia y religión como un todo. Por mucho miedo que produzca el “tenebroso” poder establecido, hemos de cuestionar todas las creencias religiosas y científicas que, por ser solo creencias, están incorrectamente fundamentadas y orientadas. Llegó la hora de ser valientes y decir la Verdad6.

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