¡Sonríe!

Un reciente artículo en Scientific American, postula en su introito lo siguiente:

«We smile because we are happy, and we frown because we are sad. But does the causal arrow point in other direction too?» (Sonreímos porque estamos felices y fruncimos el ceño porque estamos tristes- ¿Pero el sentido de la flecha no podría también invertirse?)

El interesante artículo informa acerca de un experimento de psicólogos de la Universidad de Cardiff quienes han examinado a personas con incapacidad para fruncir el ceño debido a inyecciones de toxina botulínica: en los tests administrados estos sujetos experimentaron mayores índices de emociones positivas , en promedio, respecto a la gente que sí podía fruncir el ceño. Aunque el tamaño muestral era reducido (n=25) no hubieron diferencias entre los grupos que recibieron o no botox, aún controlando el sentimiento de sentirse más o menos atractivo -supuestamente como consecuencia del botox que eliminaría las arrugas o ‘líneas de expresión’-.

Estos datos fueron consistentes con otros previos, en donde pacientes que habían recibido bótox fueron estudiados con técnicas de imagenología cerebral funcional: al solicitárseles que hagan mímica de disgusto o ira, los pacientes mostraron menor activación en los circuitos cerebrales encargados de procesar las emociones (amígdala cerebral, hipotálamo y partes del tronco cerebral) en comparación con los controles.

Ciertamente hasta hoy no se explica porqué y cómo nuestras expresiones faciales podrían influir en nuestras emociones. De hecho, según estos y otros hallazgos, nuestra gestualidad reforzaría nuestras emociones como si las comunicase al mismo individuo que las experimenta -y no sólo al resto de individuos-.

La yuxtaposición de términos en el vocablo psicosomático -lo psíquico influyendo en lo corporal- por ende es también justificada en el término somatopsíquico -esto es, lo somático influyendo en lo psíquico-. Lo somatopsíquico, vocablo y concepto menos difundidos y valorados en la opinión pública, fueron ya intuídos por antiguas civilizaciones, verbigracia el famoso apotegma: mens sana in corpore sano.

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