LAS VESTIMENTAS SACERDOTALES

Manda acercarse a ti de en medio de los israelitas a tu hermano Aarón, con sus hijos, para que ejerza mi sacerdocio: Aarón, con Nadab y Abihú, Eleazar e Itamar, hijos de Aarón. Harás para Aarón, tu hermano, vestiduras sagradas, que le den majestad y esplendor. Hablarás tú con todos los artesanos hábiles a quienes he llenado de espíritu de sabiduría; ellos harán las vestiduras de Aarón para que sea consagrado sacerdote mío. Harán las vestiduras siguientes: un pectoral, un efod, un manto, una túnica bordada, una tiara y una faja. Harán, pues, a tu hermano Aarón y a sus hijos vestiduras sagradas para que ejerzan mi sacerdocio. Tomarán para ello oro, púrpura violeta y escarlata, carmesí y lino fino…

Éxodo 28:1-5

Todo el capítulo 28 del Libro del Éxodo describe lo que deben usar los sacerdotes (Cohanim) y el Sumo Sacerdote (Cohén Gadol) en el Sagrado Templo.

La vestimenta es “diseñada” por el Creador y descripta a Moisés para que sea utilizada por Aarón y sus descendientes (designados para ejercer el sacerdocio).

 

Estas prendas eran, pantalones de lino blanco, cinturón de color, mitra –o tiara- de lino blanco y túnica para los sacerdotes y al Cohén Gadol le sumaba el Pectoral, un delantal multicolor (Efod), una túnica de lana azul y el Tzitzusado en la frente (significa “retoño”) – llamado tzitz nezer kodesh- el retoño de la corona sagrada.

 

Dios manifiesta interés en que solo los artesanos sabios fueran los encargados de confeccionar la ropa del Sumo Sacerdote, a los que  ÉL  llenó de espíritu de sabiduría[1].

 

Cada prenda es cuidadosamente diseñada. Podemos preguntarnos ¿cuál es el objetivo?… si el aspecto más importante del ser humano es su dimensión espiritual, sus valores, su fe, su esperanza, su disposición caritativa…

 

Dios, directamente, en estos versículos dignifica la vestimenta de los encargados de llevar adelante el culto, y la llena de elementos simbólicos que las convierten en vestiduras sagradas, para mostrar al Sumo Sacerdote como majestuoso y lleno de esplendor (28:2).

 

Todo parece indicar que sus ropas deben evidenciar la majestuosidad y luminosidad del alma humana, encerrada en la cáscara del cuerpo, a imagen y semejanza del Altísimo.

 

Se trata de vestimentas que cubren y a la vez revelan algo que va más allá de lo físico.

 

Un relato del Talmud nos cuenta que cuando Alejandro Magno llegó a conquistar Jerusalem, el Sumo Sacerdote Simón el sabio -Shimon Ha Tzadik- salió a su encuentro vistiendo estas prendas especiales. Al verlo, Alejandro se inclinó y lo reverenció. Sus generales le preguntaron el por qué de su reverencia frente al Sacerdote del pueblo de Israel. Alejandro les contestó, “Cada vez que voy a una batalla, veo en sueños a un hombre con esta apariencia, la noche antes, y él me asegura que voy a ser victorioso”.

 

Luego, cuando quieren poner la estatua de Alejandro en el Sagrado Templo -para consolidar la lealtad del pueblo judío hacia él- el sabio Sumo Sacerdote sugirió algo mejor: a cada niño que naciera ese año le llamarían “Alejandro”… y desde ese momento es un nombre muy elegido por la comunidad judía…


[1] Precioso don, que recibimos los seres humanos que, como nos mantenemos inconscientes de tal regalo, desperdiciamos. Y no aprovechamos nuestros talentos, la grandeza qué Dios nos ha reservado, para devolver, de alguna manera, el don con que nos han honrado.

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