HERÁCLITO

Heráclito de Efeso, a quien miran algunos como un discípulo de la escuela eleática, vivía por los años de 300 antes de la era vulgar. Se distinguió por su carácter atrabiliario, en contradicción con el de Demócrito; éste reía, aquél lloraba. Se le atribuye comúnmente el haber señalado el fuego como principio de todas las cosas, pero no falta quien crea que este elemento no era más que un símbolo en que el filósofo envolvía sus ideas metafísicas. El cuidado con que Heráclitodistinguía entre la sensación y la razón inclinan a opinar que no debió de pensar tan groseramente sobre el origen de las cosas; puesto que miraba a la razón como único juez de la verdad y a los sentidos como testigos de autoridad dudosa hasta que la razón la confirma; y como a ésta la tenía por absoluta, común a todos los hombres, independiente de los hechos contingentes, no parece natural que el manantial de ella lo hallase en el fuego; mayormente sí se considera que hablaba de Dios como fuente de todos los conocimientos, que explicaba la inteligencia humana por la unión con la divina y, por fin, hacía consistir la virtud en el dominio de la razón sobre las pasiones. Tales doctrinas no se avienen fácilmente con la teoría del fuego, pues que ésta no es más que un materialismo puro.

56. Heráclito tuvo pocos discípulos, y no puede decirse que llegase a fundar escuela. Es probable que a esto contribuiría, más que la dificultad de sus doctrinas, la poca amabilidad de su carácter: los hombres no son amigos de una filosofía que empieza por llorar.

57. Llevaba Heráclito una vida muy austera; no obstante, parece que no carecía de orgullo, si es verdad que, habiendo empezado por decir que nada sabía, acabó por afirmar modestamente que nada ignoraba.

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