Apropiación mágico-religiosa

Apropiación mágico-religiosa del medio ambiente natural. Los nahuales, sabios con el poder de transformarse en animal
Magic-religious appropriation of the natural environment. The Nahuals, wise men with the power of transforming themselves into animals

Pocas actividades humanas pueden entenderse sin la participación de los recursos vivos, el llamado medio ambiente natural; en la relación sociedad naturaleza, estas se afectan mutuamente, sin embargo, parece que por obvio pasa inadvertido este hecho, solo cuando lo agotamos y lo ponemos en peligro, nos damos cuenta de ello.

Me detendré en el termino apropiación que refiere al poder y capacidad de manipulación del medio ambiente, que va desde la visión de los recursos hasta la extracción, transformación y consumo; así como le goce y uso por parte de las sociedades. El concepto de modos de apropiación (Toledo 2002) es entendido también como el mecanismo eco-social de las relaciones entre la sociedad y el universo natural. Los modos de apropiación de la naturaleza se entienden como:

“la apropiación (…) constituye en primer acto del proceso metabólico por medio del cual los seres humanos organizados en sociedad producen y reproducen sus condiciones de vida” (Toledo 2002).

Dicha apropiación va desde la visión de la naturaleza. Por casualidad es de pronto como nos encontramos y adentramos en temas que quizás nunca hubiéramos ahondado más allá del haber escuchado alguna leyenda de seres místicos.

El Naoalli propiamente, se llama brujo que de noche espanta a los hombres, se chupa a los niños. Al que es curioso de este oficio, bien se le entiende cualquiera cosa de hechizos, y para usar de ellos es astuto, aprovecha y no daña. El que es maléfico y pestífero de este oficio, hace daño a los cuerpos con los dichos hechizos, saca de juicio y ahoga, es envayador o encantador (Sahagún, libro X, cap. IX).

El nahual es el animal que nos da sus características poco después de nuestro nacimiento. Al nacer en la cultura nahua de la selva Zongolica de Veracruz, cuando nace un niño es colocado en el centro de un circulo de ceniza en el campo, es dejado ahí y después se mira que huellas hay en la ceniza y determinaran así el nahual del recién nacido; podrán encontrar las huellas de un gato, un perro, un pájaro, un chango o una araña quizá; si quisiéramos conocer nuestro nahual, saber de que animal poseemos características, entonces nos sentaremos en medio de un circulo de ceniza y pasaremos ahí la noche entera esperando encontrar en medio de la oscuridad a nuestro nahual para conocer un poco de nosotros mismos, más esto solo será posible hacerlo cuando caigamos en enfermedad.

Existen personas conocedoras del poder de convertirse en sus nahuales.

Una mañana de mayo, después de la bendición de un nuevo jardín botánico en la comunidad de Potrerillo Veracruz (1), donde la ceremonia tradicional fue oficiada en náhuatl y poco parecida a las ceremonias religiosas sincréticas cristianas; después de la bendición en la cual participáramos varias personas, regresamos al centro del pueblo a almorzar, ahí habíamos varias personas sentadas a la mesa, había una chica francesa, tres paisanos míos y yo, el tercer mexicano era oriundo de la selva, vivía en la zona montañosa a tan solo treinta minutos de donde nos encontrábamos, su nombre es Pedro, el era quien había oficiado la ceremonia que presenciáramos antes; yo tenia curiosidad por preguntar acerca de los nahuales; pues en otra salida que había hecho, mas o menos reciente a la tierra de los volcanes (Iztacihuatl), conocí la “Piedra Luna”, una enorme roca con petrograbados prehispánicos y algunos mas recientes; la gente del pueblo decía que esa era tierra de nahuales, personas transformadas en un animal que atacaban a la gente común escondidos en su animal. Cuando le pregunte a Pedro lo que sabía de los anuales, pues yo había escuchado en tierra de los temperos o graniceros que nos anuales eran seres que dañaban a la gente, el me dijo:

- Los nahuales son los mas inteligentes de todos, comparten conocimientos a diferencia de los temperos -me dijo- pregúntales: ¿Quién es tu Dios?, si es verdad que han sido llamados por el cielo. Todos nacemos con un animal que nos acompaña, con el sabemos las características del niño. Cuando nacen los niños se les coloca en el centro de un circulo de ceniza y se le deja solo; su nahual dejara huellas y así se sabara cual es. La serpiente es la más lista de todos. Si de bebes no se nos ha buscado nuestro nahual, entonces solo podremos saberlos hasta caer enfermos. Es importante también poner atención en la manera en como vienen envueltos en la matriz, pues eso hablara de las características futuras de la persona. Es también importante guardar el cordón umbilical, pues con el se podrá curar al dueño cuando este caiga enfermo.

El fue quien me explico el procedimiento de cómo conocer nuestro nahual. Cuando le dije que había estado en los volcanes y que por allá los nahuales eran entes malignos, el me protestó:

- ¿Quién te dijo que eran malos? -

Yo lo había leído en las Obras escogidas de Guillermo Bonfil, donde dice que los nahuales son los rivales a muerte de los graniceros, y que los graniceros o temperos eran llamados por “rayo”, los cuales literalmente son tocados por un rayo y han sobrevivido; estos temperos se encargan de controlar las nubes y con ellos las lluvias, el rayo y el clima. A diferencia de estos, los nahuales no han sido llamados por “rayo” y han buscado su conocimiento por ellos mismos, por lo cual eran entidades malignas. ¿Cómo podía decir: ¡Lo leí!? Le conté que había estado en el Iztacihuatl y que la gente decía. Pedro me hablo seriamente y me dijo:

- Si fueron llamados por rayo del cielo, es verdad, pero ¿Cuál Dios los llamo?, pregúntales, es una pregunta muy sencilla, ¿Quién es tu Dios?, es una pregunta muy sencilla y a ver que te dicen.

Yo lo alegue a Pedro que los nahuales buscaban sus conocimientos de manera autónoma, a lo que me respondió:

- Los graniceros son una comunidad cerrada -lo cual es cierto- no comparten su conocimiento, solo se lo pasan entre ellos y además cobran. Los nahuales no negamos compartir el conocimiento que tenemos y además no cobramos.

Hasta ese momento volví a tomar conciencia de que estaba hablando con una eminencia en mística náhuatl, el era sacerdote y medico tradicional de su comunidad por lo que no alegue más.

Pedro me pregunto:

- ¿Se te salio tu duda?

- Si, gracias, le respondí.

Es verdad que se me salio una duda, todos tenemos un nahual, solo algunos se pueden transformarse en su animal, pero en seguida se dieron mas dudas.

¿Por qué los graniceros están en lucha con los nahuales en las cercanías de los volcanes y un nahual de Veracruz decía que no eran entidades malignas? Es mas, Pedro había sido mas objetivo que el mismo Bonfil, simplemente no había calificado a los temperos, les cuestionaba su origen sin menospreciarles. Estaba siendo este hombre mas objetivo en sus planteamientos que lo propuesto por un texto antropológico, y nosotros que nos queremos jactar de científicos. ¿Quién estaba haciendo el conflicto de interpretación en todo esto? ¿Yo, Pedro o Bonfil? Se alegara que yo no soy nadie, que Pedro es un sacerdote y que Bonfil un científico; esta bien, no me molestara anclar mi ego, a pesar de que mi alter ego, mi otro yo y mi misma se pueden revelar en mi contra.

¿Que podría concluir de esto? Primero, que los nahuales son en términos generales personas con poder de convertirse en animales, además de que son poseedores de conocimientos místicos. Segundo, que existen varias interpretaciones sociales del nahual y del granicero, para algunos unos son malignos y para los otros, los otros. ¿Que esta en discusión entre ellos? ¿El origen de su conocimiento y poder? Los dos son entidades con poderes extra mundanos, que si existe esta disputa de la que habla Bonfil, pero que no esta basada en el origen de los agentes, sino en la forma de uso de ese poder concedido, además de que no me fue posible determinar que uno y otro ente fuera benigno o maligno, pues si bien los graniceros usan sus poderes para ayudar a sus comunidades en las temporadas de lluvias al llamar y atraer a la lluvia, no significa esto que sean malignos, pero si se cuestionan las bases de sus poderes. Y tercero, que existen diferentes apreciaciones del fenómeno del nahual en distintas regiones del país.

La idea de la conversión de un hombre en animal esta muy difundida, se habla de un poder usado para cierto fin, ya sea maligno o benigno, pues cuando se ha convertido puede hacer daño, robar animales, dañar personas; pero que no necesariamente es usado de esta manera.

El nahual es una ser que desde épocas precolombinas aparece en la vida y creencias populares en algunas regiones de México, reportado por Gonzalo Aguirre Beltrán (1992), donde los huaxtecas, en la antigüedad, fueron famosos por sus conocimientos en la hechicería. Estos hechiceros eran capaces de hacer descender la lluvia; uno de sus Dioses Naualpilli - de naua: sabiduría, ciencia, magia; pilli, jefe, principal, grande: mago en jefe, principal hechicero o gran nahual – gozaba de gran prestigio entre los pueblos del Cemanahuac. La confederación azteca cayó sobre los huastecas y tomaron como el más caro de sus trofeos a Naualpilli, llevándolo a Tenochtitlan para que allí ejerciera sus portentosas artes sobrenaturales. Para Aguirre Beltrán, el gran nahual fue concretizado con Tlaloc: viejo Dios jaguar, figurante del agua. Sahgún dice: “Estaba vestido como un cuixteca, con cabello enmarañado, que cae hacia abajo, desgreñado, partido en medio, con un escudo de oro en la frente y un zarcillo de oro y un báculo de pluma”. Se menciona que este mago, también llamado nahualli era un sabio, hechicero o nahual. El nahual es entonces el nigromante o una especie de mago, el cual conjuga la ciencia, las artes esotéricas y la sabiduría de su cultura. Se presenta una conducta ambivalente entre bondadosa como curandero e invocador de lluvia o con la cualidad destructora del granizo. El nahual posee la característica maravillosa de convertirse en animal, esta metamorfosis solo es posible en horas nocturnas. Son virtudes portentosas de origen divino y adquiridas ingénitamente. Veremos que: “Hay una tradición peculiar, determinada por la geografía, que en cada zona creo una farmacopea con la flora, la fauna y los minerales que el pueblo tenia a su alcance”. Existían sabedores del uso de las plantas y la magia, entre estos males, encontramos la “pérdida del alma, intrusión de cuerpos extraños nocivos, métodos místicos de ascenso a los cielos y descenso a los infiernos en busca de la salud del paciente, practica de limpias y otras creencias y procesos terapéuticos…” (López Austin 1993). Otros ejemplos de procesos sobrenaturales son también: el mal de ojo, los aires insalubres.

“Martes y viernes, especialmente calientes, ya que son los días dedicados a actividades sobrenaturales… Entre los nahuas se cree que los albinos y los gemelos son muy fríos, mientras que los negros y los hombres de sangre amarga -que entre otras cosas son inmunes a la brujería- son muy calientes” (López Austin 1993).

Entre los nahuas prehispánicos los magos maléficos eran llamados “hombre búho” -tlaltacatecolo- y se creía que los orígenes de sus poderes eran el nacimiento bajo propio del tonalpohualli y el aprendizaje de las malas artes. Los procedimientos de daño eran muchos; algunos tocaban o miraban fijamente la cosas para perderlas; los “preparadores de fuego” pronunciaban conjuros contra la victima y quemaban su efigie; las mujeres se desprendían de sus piernas, creencia que aun persiste en Tequexquinahuac (2), Estado de México, los dejan en un crecuil, donde se pone lumbre, no es la estufa, sino afuera de la casa, los dejan en forma de cruz, ahí los dejan y al regresar se los vuelven a poner, hacen esto para causar daño, esto puede interpretarse tal vez como un medio para volar, pues en la actualidad esta muy difundida la idea de que las brujas tienen alas de petate, idea que no se comparte en Tequexquinahuac, pero se apoya que se quitan las piernas, las sustituyen por unas de guajolote y salen a causar daños portando como señal una bola de fuego. Los recursos más notables del brujo son: la posibilidad de transformarse en animales para causar daño, o sea el nahualismo, cuya creencia persiste, así como el uso del brazo de una mujer muerta para amortecer a los moradores de la casa que se pretende robar. En las palabras de Pedro se observa que el nahual, sigue siendo un sabio, con el poder de curar y posee el conocimiento esotérico de sus antepasados.

El nahual aun tiene vigencia en la cultura, es un ser entre mítico y un curandero, posee en vida los reductos de una religión que se vincula directamente con las divinidades de la naturaleza, en este caso, con el agua, con los nacidos bajo este signo. La importancia del Dios Tlaloc, dios del agua y las lluvias es relevante en las sociedades agrícolas de temporal. ¿Es este un representante de una religión casi en extinción y que fue pilar de la cultura náhuatl? Para Mircea Eliade (1985) las alusiones a la naturaleza como entidad divina, donde nos habla de la vegetación como un símbolo de renovación, no es en planta en lo que se transfigura el nahual, pero si tiene una función religiosa, la cual revela y significa la cualidad de estos hombres de convertirse en su animal protector, en su tona. Regresando a Aguirre Beltrán, una de las funciones fundamentales de la persistencia del nahual es la conservación de la cultura prístina, su función es “velar por la pureza de las costumbres, por el sostenimiento de los modos de vida heredados, por la integridad de las ideas religiosas, estéticas y económicas de la comunidad, lográndolo a través del miedo a su poder”. Este hombre sabio, es nacido bajo ce quiahuitl, con ello nos remitimos al calendario ritual azteca, eltonalpohualli, donde todos los hombres tienen tona, pero no todos son nahuales. En el Tonalpohualli, encontramos que los nacidos bajo el signo ce quiahuitl: lluvia, están en disposición de ser nahuales, por lo que preside al nacimiento, se dice del que tendrá cualidades para formarse como nahual. Tonalpohualli. (tonalli, día, pohualli, cuenta: “cuenta de los días”) nombre que se daba al cómputo de los días de que según los indios, se componían los periodos vespertino y matutino del planeta Venus, y estaba destinada dicha cuenta al cómputo de Tonalamatl.

Tonalamatl. (tonalli, día, amatl, papel: “papel de los días”, calendario.) Es un modo especial de contar los días que solo se encontró en algunos pueblos de América antes de la conquista. Era un periodo de tiempo de 260 días dividido en 20 partes de 13 días cada una, llamada trecena, y de ambos factores 20 x 13 resultaba producto de 260. Los nahoas llamaban a este computo cemilhuitlapohualistli, cuenta de las fiestas o días rituales.

Cipactonal y Oxomohco. Códice borbónico

En cuanto a su origen, decían los mexica que los inventores fueron Cipactonal y su mujer Oxomoco, razón por la cual les ponían en medio de los libros en que las figuras estaban escritas. El P. Mendieta trae una descripción minuciosa de la formación del Tonalamatl. Dice así:

“Para tratar las fiestas que estos indios de la Nueva España (en especial los de México, Texcuco y Tlaxcala) hacían a sus dioses, es de saber cuanto a lo primero, que tenían su calendario por donde se regían, y tenían señalados sus días del año para cada uno de los diablos a los que hacían fiestas y celebraban, así como nosotros tenemos dedicado su día en tal o tal mes a cada uno de los santos. Que en esto parece haber tomado el maldito demonio oficio de mono, procurando que su babilónica infernal iglesia o congregación de idolatras y engañados hombres, en los ritos de su idolatría y adoración diabólica remedase (en cuanto ser pudiese) el orden que para reconocer a su Dios y reverenciar a sus santos tienen en costumbre la iglesia católica. Y dando relación los indios viejos del principio y fundamento que tuvo en su calendario, contaban una tonta ficción, como son las demás que creían cerca de sus dioses. Dicen que como sus dioses vieron haber creado ya (al) hombre en el mundo, y no tener libro por donde se rigiese, estando en tierra de Cuernavaca, en cierta cueva dos personajes, marido y mujer, del numero de los dioses, llamados por nombre Oxomoco y ella Cipactonal, consultaron ambos a dos sobre esto. Y pareció a la vieja seria bien tomar consejo son su nieto Quetzalcoatl, que era el ídolo de Cholula (como arriba se dijo), dándole parte de su propósito. Parecióle bien su deseo, y la causa justa y razonable: de manera que altercaron los tres sobre quien pondría la primera letra o signo de tal calendario. Y en fin, teniendo respeto a la vieja, acordaron de le dar, la mano en lo dicho. La cual andaba buscando que pondría al principio de dicho calendario, tomo en cierta cosa llamadacipactli, que la pintaran a manera de sierpe, y dicen andar en el agua, y que le hizo relación de su intento rogándole tuviese por bien ser puesta y asentada por primera letra o signo de tal calendario; y consintiendo en ello, pintaronla y pusieron ce Cipactli, que quiere decir ‘una sierpe’. El marido de la vieja puso dos cañas y el nieto tres casas &c., y de esta manera fueron poniendo hasta trece signos en cada plana, en reverencia de los autores dichos y de otros dioses que en medio de cada plana tenían los indios pintados, y muy asentados en este libro del calendario, que contenía trece planas y cada plana trece signos, los cuales les servían también para contar los días, semanas, meses y años: porque ya los dichos signos no llegaban al numero cumplido de los trescientos sesenta y cinco que tenían como nosotros, tornaban el principio hasta donde se cumpliese y porque sus meses eran diez y ocho, a veinte días cada mes, hacían trescientos y sesenta días, y a las cinco que quedaban tenían por aciago o agüeros, que por fuera del numero cumplido y llamaban los nemontemi, que quiere decir ‘que caen de balde y sin ser menester’” (Róbelo 1982).

Orozco y Berra cree que los zapotecas fueron los autores del tonalamatl, y que de ellos lo tomaron los nahoas, aunque inventaron la fabula que hemos visto en Mendieta, para atribuirse ellos la formación del tonalamatl, el cual entre los zapotecas tenia en nombre de pije o piye. Chavero opina, que los sacerdotes toltecas fueron los creadores del calendario y opina también que no fue el primitivo, esto es, que no fue el primer modo de computar el tiempo, y para ello aduce las razones siguientes:

Los primeros calendarios fueros los de los años astronómico y civil, ambos de 365 días, y naturalmente confundidos al principio; pero diferenciábase patentemente de ambos el año ritual, compuesto por los sacerdotes y constaba de 260 días. A la pintura jeroglífica en que se consigna este ritual, se la llamaba entre los mexicanos tonalamatl o papel de los días, y por extensión se dice también tonalamatl al año de 260 días. Los nahuas como pueblo agricultor, su primer interés estaba en observar las estaciones del año solar. Pero sucedió que más tarde se combinaron el año de 260 y el de 365, y prevalecieron los elementos del primero: de aquí vino la confusión y que no conozcamos las divisiones primitivas del año solar. Continua Chavero la formación de la veintena o del mes año solar, y agrega: Así es que se han equivocado los autores al decir que el tonalamatl se compone de trece meses de a veinte días, pues no se tomaban en el en cuenta las veintenas; su verdadera composición era de veinte trecenas.

En seguida se hace mención de la lamina que encabeza el códice Fejervari, que es un calendario ritual completo y astronómico, en la cual aparece Totec, dios del tiempo rodeado de los veinte signos de los días, y después de cada signo hay doce puntos o numerales, que, unidos al signo correspondiente, lo repiten trece veces, haciendo con todos ellos el periodo de trecenas o doscientos sesenta días:

Primera trecena

1. Acatl.
2. Ocelotl.
3. Cuauhtli.
4. Cozcahuahutli.
5. Ollin.
6. Tecpatl.
7. Quiahuitl.
8. Xochitl.
9. Cipactli.
10. Ehecatl.
11. Calli.
12. Cuctuspallin.
13. Cohuatl.

Aquí tenemos que hacer dos observaciones : primera, que para referirse a cualquier día se cita con su numeral, pues así se sabe a que trecena corresponde y no se confunde con los otros doce días del mismo signo del año ritual, y segunda, que como la numeración solo llega a trece y los días son veinte, hay que comenzar la segunda trecena aplicando el numero 1 al decimocuarto día, hasta llegar al vigésimo, al que le corresponde el numero 7, y volver a contar los días poniendo al primero el numero ocho y así sucesivamente repitiendo tres veces los veinte días y aplicándoles veinte veces la serie de trece numerales.

Segunda trecena

1. Miquiztli.
2. Mazatl.
3. Tochtli.
4. Atl.
5. Itzcuincli.
6. Ozomatli.
7. Malinalli.
8. Acatl.
9. Ocelotl.
10. Cuauhtli.
11. Cozcauauhtli.
12. Ollin.
13. Tecpatl.

Siguiendo así el orden sucesivo de días y numerales, tendremos la última trecena:

1. Xochitl.
2. Cipactli.
3. Ehecatl.
4. Calli.
5. Cuetzpallin.
6. Cohuatl.
7. Miquiztli.
8. Mazatl.
9. Tochtli.
10. Atl.
11. Itzcuincli.
12. Ozomatli.
13. Malinalli.

Creo que con esto se comprenderá la combinación de las trecenas y de los días que les corresponden. ¿Cual ha podido ser el origen del año de 260 días, único y no parecido a otro en ningún pueblo ni edad, el cual la causa de su división en trecenas, periodo también, completamente original?

“Boturini dice que esta división en trecenas viene de que los indios dividían los movimientos de la luna en dos tiempos: el primero, a que llamaron desvelo, desde la salida del sol hasta la posición, y el segundo llamado sueño, hasta que en su entender se acostaba la luna por la mañana, y agrega que cada uno de estos periodos era de trece días. Gama lo confirma diciendo que las trecenas representaban los movimientos diarios de la luna, desde que aparecía después de la conjunción hasta poco después del plenilunio” (Róbelo 1982).

Chavero después de hacer un estudio de lo que llamaban los indios “sueño de la luna,” Cochiliztli, y “desvelo de la luna”, Ixtozoliztli, declara que es inadmisible sacar la trecena del periodo lunar.

A continuación dice Chavero: “el periodo de la estrella de la tarde, que fue su verdadera base, según relato de Motolinia. Dice este que el tiempo en que se ve brillar a esta estrella al poniente, después del ocaso del sol, es de doscientos sesenta días y que de ahí de formo este año especial. No creemos, como algunos autores, que este periodo fuese el resultado de cálculos astronómicos: fue efecto por una parte de la observación de los días en que la estrella brillaba con toda claridad, y por la otra, la combinación de los números simbólicos, pues repetidas veces observamos que los sacerdotes sujetaban los mismos hechos históricos a cifras cronológicas fijas y pudiéramos decir cabalísticas.

“Esta es una de las particularidades que mas distingue a la cronología nahoa, pues es la única fundada en el periodo de la estrella de la tarde, se comprende, desde luego, que los sacerdotes de Quetzalcoatl, inventaron este calendario ritual. De aquí nació un nuevo mito: Quetzalcoatl aparece ahora como autor del calendario, cuanto antes hemos visto que lo eran Cipactli y Oxomoco. Pero atendido el diverso origen de ambos mitos, podemos explicar su contradicción aparente. Cipactli y Oxomoco son origen de la cronología, por consiguiente, del año solar, y Quetzalcoatl del ritual” (Róbelo 1982).

El calendario ritual entonces sigue una vigencia entre los nahoas, pues si bien este fenómeno del nahual aun se conserva el calendario, solo es entendido y dominado por algunos, es de suponerse que Pedro maneja y conoce este sistema calendárico, cosa que ha de ser comprobada en un futuro.

En esta relación de metamorfosis que solo los magos poseen, pero que en la creencia náhuatl, los nahuales y graniceros la conservan, personas que nacen bajo ciertas características de un animal, primero por el día, y segundo con la ceremonia de la ceniza, de la cual nos habla Aguirre Beltrán, nos dice:

“La ligadura mística del hombre con el animal, se realiza momentos después del nacimiento: se abandona al infante en el tempo, una o mas noches, en un sitio donde se esparce ceniza sobre el suelo; cada mañana los sacerdotes examinan las huellas que puedan dejar los animales de las inmediaciones y cuando las impresiones aparecen, se da por terminada la prueba y de da para el resto de la vida por compañero y guarda personal del niño a la bestia que en la soledad nocturna, visita el recién nacido” (Aguirre 1992).

“La naturaleza esta cargada de valor religioso, el cosmos es a la vez un organismo real, vivo y sagrado que infiere en la vida de los hombres, se descubres a la vez las modalidades del Ser y la sacralidad. Ontofania y hierofanta reunidas” (Eliade 1985). La naturaleza expresa siempre algo que la trasciende. Vemos que esta ligadura entre hombre y bestia contienen la significación de la religión náhuatl, en donde el tona, también llamada tonal o tonalli, es el alma, la sombra que esta ligada al individuo y que es representado en un animal; en esta ligadura mística con la bestia, la suerte de uno esta ligada al otro, los daños que sufre la bestia se presentaran en el hombre. Bajo esta premisa se da una comunión de respeto entre la naturaleza y el hombre, pues de dañarse a uno, se dañara al otro.

Conclusiones

- La vigencia de estas creencias nos hablan de una mitología que ha sido conservada por los nahuales y los graniceros, que si bien se definen diferentes unos de otros, poseen la característica esotérica de transformarse en bestias y de gobernar las aguas, con lo que encontramos que hasta nuestros días esta creencia en una antigua religión precolombina persiste.

- Se observa además de la persistencia de esta mitología, al hombre en una relación de simetría lineal con la naturaleza por lo que no devasta sus recursos naturales, los conserva y se mira parte de ellos, pues están ligados unos con otros; en este modo de apropiación no puede hacer uso y goce de la naturaleza de forma irracional por mantener una relación mágico religiosa antigua con su entorno, siendo así lo procura y cuida.

- Esta cosmovisión no es de ningún modo generalizada en la sociedad occidental. La apropiación de la naturaleza esta permeada por múltiples y complejos factores y sistemas que van más allá de las creencias de estos pueblos.

- Es importante conocer los lineamientos filosóficos que norman una cultura para así poder dar luz a sus formas de relacionarse con su medio ambiente.


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